Martes, 11 de diciembre, 2018 | 12:06 am

¿Resucitar a Trujillo?



El anuncio de Ramfis Domínguez Trujillo de que buscará la Presidencia de la República a través del Partido Esperanza Dominicana (PED) ha calado en la opinión pública hasta el punto de generar debates favorables y en contra de esa aspiración.

El colmo es que más de uno en las redes sociales lo presenta como opción presidencial junto a los candidatos tradicionales y lo miden en encuestas.

Preocupa mucho la frase expresada por el nieto del dictador en sus declaraciones ante los periodistas: “No hablemos de historia, hablemos del futuro.

Una dictadura que pasó hace sesenta años no me preocupa, me preocupa la dictadura en que vive la República Dominicana ahora”.

En esa afirmación se puede entrever un tremendo sofisma, basado en una retórica peligrosa que produce indignación viniendo de quien la hizo.

¿Cómo es posible olvidar la historia, sobre todo si ha sido cruel e inhumana y sus víctimas viven entre nosotros?
Hay que hablar de historia, porque como dijo Cicerón: “Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”.

Al pueblo debe preocuparle una dictadura de antaño, puesto que la memoria de las Hermanas Mirabal sigue viva, no solo en el país sino en el mundo y se convirtió en la insignia de la lucha contra la violencia de género.

A los que no vivieron la época de Trujillo y no saben su historia, ni se la han contado sus padres o abuelos, a los que padecen de Alzheimer selectivo o de nacionalismo extremo hay que refrescarles la memoria: Trujillo fue un dictador, asesino, genocida y sicópata. Un oprobio para este país. Su herencia fue violencia, clientelismo y corrupción.

Los siquiatras y estudiosos de la neurociencia afirman que los genes de los padres se reproducen en los hijos y nietos. Promover a Ramfis es resucitar a Trujillo, y con él, el odio, la cultura del miedo y del terror, el resentimiento y la paranoia social, el autoritarismo y la decadencia moral.

La respuesta al presente no es restituir el pasado, es seguir fortaleciendo la democracia y materializando la justicia social.

Altagracia Suriel

Publicidad