Sábado, 20 de octubre, 2018 | 4:56 pm

República Dominicana: un país



El otro día me puse a pensar en las contradicciones de nuestro país. De los excesos de los gobernantes, y las precariedades en que vive el pueblo.

Algo así como un padre en un colmadón bebiendo etiqueta azul, mientras en su miserable casa los hijos no tienen ni pan vacío para saciar el hambre.

Así es República Dominicana, que paga a funcionarios salarios de lujo, mientras la inmensa mayoría de la población gana salarios de miseria (los dichosos que tienen un empleo).

Donde algunas personas “trabajan” cuatro años y se pensionan con medio millón de pesos mensuales (y más), mientras otros después de trabajar cuarenta años tienen que sobrevivir con pensiones ridículas de cinco mil pesitos.

Un país donde tenemos dos líneas de metro en la ciudad, mientras en los campos no hay caminos vecinales dignos de seres humanos.

Con un costoso teleférico de lindos y vistosos canastos que sobrevuelan por encima de la miseria, cual monumento a la indolencia.

Tenemos hospitales de miles de millones, donde personas mueren por la falta de cosas que cuestan menos de cien pesos.

Y ahora pretendemos dar “tablets” y “laptops” a estudiantes de escuelas públicas, en un país sin seguridad ciudadana, sumido en el desempleo y la falta de oportunidades.

Funcionarios entre lujos y fanfarrias, y el país endeudado hasta el tuétano. Con mucha seguridad, abridores y guardaespaldas para ellos y sus familias, militares hasta para bañar los perros, mientras los barrios y campos están completamente desprotegidos.

Tenemos generales de pecho parao, con muchas estrellitas y “blinblines”, que no dan un golpe ni de karate, con grandes fincas y mansiones, mientras los soldados tienen que mendigar para poder sobrevivir con salarios que dan pena y vergüenza.

Ganamos el Clásico Mundial, tenemos los mejores peloteros del mundo, pero vayan a ver cómo están los lugares donde se forman nuestras futuras estrellas.

Somos algo así como un “país bultero”, que aparenta estar en la “papa” mientras se lo está llevando el diablo. Gobernantes irresponsables que en lugar de buscar el desarrollo, lo que hacen es ocultar con mentiras el atraso en el que estamos.

Podemos creernos los cuentos, y hacernos la ilusión de que vivimos en un país desarrollado, o hacer conciencia de la realidad en que estamos y comenzar a caminar hacia el desarrollo.

Claudio Caamaño Vélez

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