Martes, 20 de noviembre, 2018 | 1:13 pm

Reducir el dolor de los pobres



Una política pública o social con enfoque ético debe orientarse a aminorar el dolor de los pobres participantes de la intervención estatal.

Adela Cortina, en ¿Para qué sirve realmente la ética? afirma que uno de sus fines es la reducción del sufrimiento humano. Toda acción pública que se precie de ser moral debe lograr ese objetivo.

Los pobres son los seres humanos que más sufren. Su padecer se expresa en el miedo, la postración y la incertidumbre ante la carencia y el hambre. En la impotencia frente a la enfermedad y las adversidades, y en el no poder generar ingresos mínimos de subsistencia y en soportar la indignidad de caer en la mendicidad.

La protección de los pobres frente a estos riesgos es el fin de la política social. Reducir el dolor de los pobres implica entonces ofrecer un trato digno, reducir el paternalismo y establecer relaciones transparentes y libres de manipulación.

Trato digno y atención al ciudadano.

Tratar a las personas con dignidad significa valorarlas como fin en sí mismas, no como cosas. La dignidad se asocia a la condición ciudadana, a individuos con derechos y deberes acreedores de un trato justo y respetuoso.

El trato digno está reñido con el dolor que produce la inhumanidad expresada en la desatención, las largas horas de esperas inútiles para acceder a un servicio malo y la humillación de no poder concretar un derecho que se quiere ejercer en una cultura de privilegios que lo impide.

Reducción de paternalismo.

La moralidad en una intervención social llama a superar la tradición totalitaria de considerar a los pobres como sometidos a un eterno tutelaje, o a lo que Kant llama minoridad de edad o incapacidad de servirse de su propio entendimiento. Los pobres no son hijos, incapaces, siervos o esclavos del Estado, son el pueblo que constituye su razón de ser.

Relación transparente y libre de manipulación. Un enfoque ético lo social implica establecer una relación de transparencia entre el Estado y los ciudadanos más carenciados, evitando manipulaciones expresadas en la explotación del sufrimiento y las promesas no cumplidas. Lo fundamental es servir con calidad, no servirse de los pobres.

Altagracia Suriel

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