Sábado, 22 de septiembre, 2018 | 12:27 pm

¿Qué tienen en común las personas que viven 100 años? (y no son la dieta sana y el ejercicio)

No es el ejercicio físico diario.
No es el ejercicio físico diario.


Si te preguntaran en qué crees que coinciden aquellos que llegan a vivir cerca de 100 años, seguramente contestarías que todos ellos siguen una dieta saludable y hacen ejercicio con regularidad.

Pero un estudio recién publicado en la revista especializada International Psychogeriatrics recoge una serie de características comunes más sorprendentes, entre ellas la testarudez.

Fue llevado a cabo por investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de California en San Diego y la Universidad de Roma La Sapienza, quienes analizaron la salud física y mental de 19 habitantes de entre 90 y 101 años de Cilento, una subregión del sur de Italia conocida por la longevidad de sus vecinos.

Los participantes tuvieron que rellenar una serie de cuestionarios estandarizados y fueron sometidos a largas entrevistas en las que se conversó sobre migración, eventos traumáticos y creencias.

Los expertos también preguntaron a 51 familiares de estos, de entre 51 y 75 años, sobre los rasgos de personalidad de los participantes.

Monteforte Cilento, en Campania, Italia, el 23 de diciembre de 2014. (Foto: Dэя-Бøяg/ Wikimedia Commons)
La investigación se llevó a cabo en Cilento, en el sur de Italia, conocido por la longevidad de sus habitantes.

Estos los describieron como dominantes y testarudos.

Pero los investigadores descubrieron en los nonagenarios características como la resiliencia y la capacidad de adaptación ante los cambios, según se lee en el estudio.

“Los cambios traen vida”

“Estas personas pasaron por depresiones, tuvieron que migrar, perdieron a sus seres queridos“, explica Dilip V. Jeste, decano asociado del Centro para el Envejecimiento Saludable y profesor de psiquiatría y neurociencia en la Universidad de California en San Diego, quien dirigió la investigación.

“Para poder seguir adelante, tuvieron que aceptar y recuperarse de aquello que no pudieron cambiar, pero también luchar por lo que sí podían”, añade.

Antonio Vassallo y su mujer Amina Fedollo en su casa de Acciaroli, en el sur de Italia, el 23 de agosto de 2016. (Foto: Mario Laporta) La mayoría de los participantes en el estudio siguen llevando una vida activa.

En ese sentido, uno de los participantes —cuyo nombre no se incluye en el documento —, contó a los investigadores cómo su mujer, con la que había estado casado 70 años, murió apenas un mes atrás y que estaba muy triste por ello.

“Pero gracias a mis hijos, me estoy recuperando y sintiéndome mejor. He luchado toda mi vida y siempre estoy preparado para los cambios”, les dijo.

“Creo que los cambios traen vida y te dan la oportunidad de crecer”.

Esta característica la comparten también los otros 28 participantes del estudio, así como una mirada positiva, una fuerte ética de trabajo y vínculos estrechos con la familia, la religión y el campo.

“Siempre pienso lo mejor. Siempre hay una solución. Es lo que me enseñó mi padre: haz frente a las dificultades y espera lo mejor”, dijo uno de ellos durante una de las entrevistas, tal como se señala en el documento.

La mayoría de los que participaron en el estudio siguen siendo activos, hacen trabajos regularmente en sus casas y continúan labrando la tierra.

Ancianos sentados en la plaza Falcone e Borsellino en Corleone, un pueblo de Sicilia, Italia, el 22 de diciembre de 2007. (Foto: Marcelo Patternostro) Las características comunes que encontró el estudio son rasgos de personalidad.

Según los comentarios de los expertos incluidos en la publicación, esto les da un propósito en la vida, incluso a una edad tan avanzada.

La paradoja del envejecimiento

Los especialistas también compararon la salud de estos longevos habitantes del sur de Italia con la de sus familiares más jóvenes, de entre 51 y 75 años.

Como era de esperar, la generación más joven estaba en mejor forma física.

Pero los expertos vieron que los mayores tenían más bienestar mental y obtuvieron mejores resultados en cuanto a confianza en ellos mismos y habilidades para la toma de decisiones.

Jeste lo denomina “la paradoja del envejecimiento”.

Esto es, a pesar de que se deteriore la salud física, la calidad de la mental sigue siendo alta.

“Vimos que cuestiones como la felicidad o la satisfacción con la vida aumentaron, mientras los niveles de estrés y depresión se redujeron”, explica el director del estudio.

“Es lo opuesto a lo que uno esperaría con la edad, pero esto demuestra que al envejecer no todo es miseria y desolación”.

En ese sentido, uno de los participantes aseguró que no sabe “qué es el estrés”. “La vida es lo que es y hay que hacerle frente siempre”.

Una pareja de edad avanzada pasea por la orilla en Lido di Ostia, cerca de Roma, el 3 de agosto de 2012. (Foto: Andrea Solaro) Los investigadores vieron que con la edad la felicidad o la satisfacción con la vida aumentaron, mientras los niveles de estrés y depresión se redujeron.

Y otro aseguraba: “Tengo que decirlo. Me siento más joven ahora que cuando era joven”.

Este no es el primer estudio que se lleva a cabo con las poblaciones más longevas del mundo, las conocidas como Zonas Azules (Blue Zones, en inglés) desde que en 2005 la revista National Geographic dedicara su portada al reportaje titulado “Los secretos de una vida larga” de Dan Buettner.

Se trata de Cerdeña en Italia, la isla de Okinawa en Japón, Loma Linda en California (Estados Unidos), la península de Nicoya en Costa Rica e Icaria, una isla de Grecia cercana a la costa turca.

Sin embargo, las investigaciones realizadas hasta ahora se centraron en las características genéticas de estas poblaciones, su dieta y su salud física.

Esta es la primera vez que se aborda los rasgos de personalidad y la salud mental de los más longevos.

Mujeres ancianas bailan en la isla de Kohama, en Okinawa, Japón, el 22 de junio de 2015. Se han hecho decenas de estudios sobre los habitantes de las Zonas Azules, las poblaciones más longevas del mundo, pero éste se centra en sus rasgos de personalidad.

Analizarlos ayuda a los investigadores a entender mejor el proceso del envejecimiento, explica Jeste, y a determinar cómo se pueden mitigar o evitar los problemas de salud relacionados con la edad.

“También da a adultos de todas las edades y cualquier parte del mundo más información sobre qué pueden hacer para extender sus propias vidas“, señala el director del estudio.

“No existe una única forma de llegar a los 90 o a los 100 años y tampoco creo que para hacerlo sea necesario un cambio radical de personalidad”, señala.

“Pero esto muestra que hay ciertos atributos que son muy importantes, como la resiliencia, el apoyo social fuerte, el compromiso y la confianza en uno mismo”, concluye.