Martes, 17 de julio, 2018 | 12:38 am

¿Qué nos falta por ver?



El pasado viernes, los habitantes de Jarabacoa, una comunidad de mujeres y hombres alegres y pacíficos, estuvieron muy cerca de lanzarse a las calles ante una decisión de la fiscalía local de poner en libertad a siete jóvenes detenidos por constituirse en pandilla para cometer robos y atracos. Varios de los detenidos habían admitido públicamente sus delitos.

En San Juan de la Maguana, mientras, fue un día de júbilo. Frente al juzgado, tres o cuatro abogados celebraban alborozados la libertad de numerosos agentes antinarcóticos, sus clientes habían sido apresados en una situación calificada como “comprometedora”. “Su caso fue evaluado por un juez garantista”, exclamó uno de ellos. “Se declaró un no ha lugar”.

Jueces de la Suprema Corte de Justicia y funcionarios de la Procuraduría se enfrentaron verbal y públicamente por el caso Odebrecht y la selección del juez que enjuiciará a los involucrados. Un jurista calificó el lance como “deprimente e inconcebible”.

Médicos del hospital Salvador B. Gautier se quejaron por “la falta de seguridad” en la institución. La denuncia se produjo luego de que numerosos galenos resultaran atacados por delincuentes con la droga denominada “burundanga” para robarles.

Una especialista afirma conmovida que solo la mitad de los enfermos renales son atendidos en la República Dominicana. “Una cantidad significativa de pacientes muere esperando un trasplante que nunca llega”, dijo.

A su vez, una honorable institución bancaria hace pública una lista de decenas de apartamentos, casas y solares incautados a ciudadanos que no han podido cumplir con la amortización de sus préstamos.

Las propiedades están ubicadas en los Jardines del Sur, Santo Domingo Oeste, Santo Domingo Norte, Boca Chica, Bávaro, Higüey, Santiago, Cap Cana, La Romana, San Francisco de Macorís y San Cristóbal.

La institución, muy amablemente, solicita a los interesados “acudir al departamento de bienes adjudicados”.

Es creciente el número de cadáveres que se descubre en montes, patios, solares baldíos, descampados. Las causas de la muerte son apuñalamiento, asfixia, machetazos así como disparos múltiples de armas de fuego.

Los asesinatos de mujeres no se detienen. Aumenta el número de desaparecidos. El tránsito sigue siendo un caos. Los accidentes siguen arrojando decenas de muertos.

Navegamos con vientos de tormenta en una nave que no parece tener rumbo. Esa sensación, de profundo malestar, se palpa a todos los niveles en la sociedad dominicana. Nada funciona como debería ser. Desconcierto, anarquía por todas partes.

La clase política, los gobiernos que hemos tenido (y quizás sufrido) en las últimas décadas, están desbordados de culpas y con muy limitados aciertos. ¿Nos acercamos al “sálvese quien pueda?”.

Si esto ocurre, entonces, no habrá culpables, nadie será juzgado y los responsables abandonarán cómodamente el barco.

La ciudadanía se siente impotente ante el crimen, la inseguridad, los robos, atracos, suicidios, feminicidios, el alto costo de la vida, las protestas sociales. La pregunta decisiva es qué nos falta por ver.

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