Martes, 25 de septiembre, 2018 | 5:36 am

¿Qué futuro nos aguarda?



Creo que a la periodista Minerva Isa la conozco desde siempre. La leo y releo con mucha atención, porque sus reportajes, documentados y precisos, revelan un sinnúmero de razones sobre la extraviada suerte de una nación como la República Dominicana.

La revisión de sus últimas publicaciones me hizo pensar en decenas de compañeros y amigos indudablemente excepcionales que optaron por irse a residir al extranjero.

Pensé también en aquella joven artista dominicana radicada en Estados Unidos que manifestó con rostro descorazonado frente al jurado del “American got talent” la razón por la que tantos dominicanos dejan atrás la tierra que los vio nacer.

“En el país que nacimos” declaró, “no existe nada como el sueño americano”.
Hace algún tiempo vi una película sobre un atentado que ensangrentó la ciudad de Boston.

Pese a los muertos y heridos que provocó el hecho, sus autoridades y organizaciones cívicas convocaron a un acto público “para reafirmar el amor por su país y la fe en su destino”.

¿Saben ustedes a quién le concedieron el privilegio de dirigirse a decenas de miles de personas reunidas en un estado para exaltar la unión de propósitos, el “sueño americano”, el espíritu de progreso, la convivencia?

Al pelotero dominicano David Ortiz. Un símbolo.
¿Por qué insisto en el tema? Porque a cada momento, uno sufre esa sensación de desconcierto ante un destino común que se vislumbra cada vez más enrarecido. Lo reitero: nadie más que nosotros anhela ese “futuro luminoso”.

Solo que esas no son las perspectivas. Minerva Isa afirma que desde 2001 a 2017, “el valor real de los salarios mínimos y medios siguió estancado y deprimido”.

El mercado laboral dominicano, añadió, “frena la movilidad social”, e “impide una sustancial reducción de la pobreza”.

“El desempleo en los jóvenes creció en 32.5 por ciento”. Los empleos que crea el sistema no satisfacen “la demanda de trabajo de unos 200 mil jóvenes que adquieren cada año la mayoría de edad”.

“El talento dominicano sigue altamente subutilizado, infravalorado, pese a ser más rentable que el oro y el níquel”. Explica que debido a “las barreras impuestas por la desigualdad económica y social” nuestros recursos humanos se mantienen degradados, sin desarrollo de sus potencialidades, de su intelecto, de su inteligencia”. Doloroso, pero Minerva no está sola en estas apreciaciones.

El doctor Edgard Allan Vargas dijo recientemente que los pediatras “ven las emergencias abarrotadas de niños con fiebre” (Altagracia Ortiz). Muchas personas que llegan a la mayoría de edad tropiezan con el hecho de que reciben como pensiones “insignificantes sumas mensuales” (editorial del periódico “Hoy”).

“La República Dominicana es el segundo país latino con mayor tasa de alquiler” (Adalberto de la Rosa). Pedro Luis Castellanos, de la superintendencia de salud y riesgos laborales lamenta que los precios de los medicamentos en el país “sean los más altos de América Latina” (Hoy).

Estas son algunas de las razones de las inquietantes preguntas sobre nuestro futuro. Y el por qué de tanto desencanto que obliga a miles de dominicanos a abandonar su patria. Su amor por el país, indudablemente enorme, tropieza con las perspectivas de un futuro cuyas puertas permanecen cerradas para la absoluta mayoría de quienes nacimos en esta tierra.

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