¡Qué dice ese Presidenciable!

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El título “aspirante a la Presidencia” se ha devaluado más que el chele o la “quora”.

Abunda tanto como el “cadillo” en los campos abandonados.

Parece que los once millones de dominicanos se sienten identificados con ese calificativo.

Pegar un afiche, alquilar una valla o postear su foto en las redes sociales es suficiente para coger pose circunspecta de “aspirante a la Presidencia”.

No se necesita ni siquiera sacar “una gata a orinar” para uno mismo colocarse en esa cada vez más extensa y absurda fila que se ha creado y en la que abundan los “Melesio Morrobé” con léxico más castizo.

Lo primero que este fenómeno denota es un desconocimiento total de lo que implica ser Presidente de la República y el camino que hay que recorrer para llegar a esa posición.

También el irrespeto a la función de conducir el Estado y la preparación que requiere.

Al ritmo que se lleva, cuando se logre un debate con los aspirantes a la Presidencia tendrá que hacerse en el Palacio de los Deportes o en la Gran Arena del Cibao.

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