Martes, 18 de septiembre, 2018 | 11:46 am

Por una voluntad de cambio



Va a ser difícil formar un gran frente de partidos opositores para enfrentar al partido de gobierno en las elecciones venideras.

La ruptura del Partido Reformista y el Revolucionario Moderno con el resto de sus aliados, golpeó severamente al Bloque Opositor que actuaba desde el pasado proceso electoral. Después de esa mala experiencia será difícil restaurar la confianza en la palabra empeñada, y sin esa confianza no puede hablarse siquiera de alianzas ni compromisos.

Habrá que ver también cuál actitud asumirán algunas de las agrupaciones del Bloque cuando la situación interna del partido de gobierno se defina, la lucha por candidaturas se agudice, y desde el poder se intensifiquen las presiones, las actividades de sonsaca y las ofertas tentadoras.

Hay que seguir clamando por la más amplia coalición de partidos opositores, pero si esa coalición no se logra, tampoco hay que darse por vencido.

No es verdad que el cambio político es imposible sin esa alianza. Yo que había dicho que sí, ahora reviso la experiencia y me corrijo.

La vida enseña que la derrota del partido en el poder es enteramente posible. Todo depende de que en la conciencia de la gente se afirme una voluntad nacional de cambio y esta encuentre el canal correspondiente para expresarse. Un caso entre muchos.

En 1978 no hubo alianza formal de los partidos opositores, pero se logró formar esa voluntad y contra ella no pudieron ni el fraude ni el terror del balaguerismo.

Sin alianzas formales el Partido Revolucionario Dominicano se puso al frente y con un candidato sin carisma pero con coraje y temple suficientes, como don Antonio Guzmán, canalizó la voluntad de cambio prevaleciente y el cambio fue.

Se llevó en claro a Balaguer y hasta partidos como el de la Liberación Dominicana, con Juan Bosch, que se opusieron o se marginaron de la marejada democrática, hasta el registro electoral lo perdieron.

El problema es que hoy esa voluntad de cambio hay que trabajarla desde el pueblo, convocando a los partidos, pero poniendo en movimiento la conciencia cívica y el sentimiento democrático de la gente.

Cómo hacerlo y qué se está haciendo desde los grupos cívicos que se han venido organizando, cuál contenido debe tener ese cambio de gobierno para agotar la transición pendiente y no volver a lo mismo, merece ser tratado en otra entrega porque el tema resulta interesante.

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