¿Por qué somos violentos?



Responder a la pregunta que titula este artículo es importante, y más aún, señalar medidas de corrección a dicha conducta.

Esto así, dado que son miles y miles las vidas de dominicanos y dominicanas que se pierden por acciones violentas, como los homicidios, los feminicidios y muchos de los “accidentes” de tránsito ocurridos en el país.

Aparte de factores genotípicos y/o psíquicos, hay elementos históricos con una gran incidencia en nuestro comportamiento violento.

Se puede mencionar la invasión y colonización española a nuestra isla en el siglo XV, el cual fue un acto de suprema violencia; las acciones de piratas y corsarios contra la “Española”, las dictaduras reinantes en el país, las permanentes luchas entre caudillos regionales, las dos intervenciones militares norteamericanas y los 12 años del Dr. Balaguer. Estos son episodios que han influido en nuestra conducta violenta.

La cultura machista prevaleciente en nuestro país es otro importante factor a considerar. La falta de educación, el machismo y la intolerancia explican que muchos dominicanos concluyan discusiones de una manera trágica al no saber evitar llegar a puntos límites y/o no saber pedir excusa a tiempo.

La mayoría poblacional no maneja criterios de resolución de conflictos y el hecho de que desde nuestros gobiernos solo se dé respuestas a reivindicaciones populares cuando las mismas han estado acompañadas de actos de violencia, lleva a la población a actuar con violencia.

Que nuestra “justicia” y nuestras autoridades no hayan respondido con efectividad ante los reclamos pacíficos de “Marcha Verde” contra los que se roban el país, estimula la desconfianza y desesperanza ante los procedimientos pacíficos de la ciudadanía.

Hoy asistimos al crecimiento de una de nuestras peores manifestaciones de violencia: el feminicidio. Este acto es una alta muestra de cobardía y felonía, dado que se produce contra la mujer, un ser que hemos hecho vulnerable y que es símbolo de la maternidad. ¡Qué vergüenza da!

Con nuestros referentes históricos, con nuestros altos déficit de educación, con nuestros rasgos emocionales, se hace enteramente injustificada la gran cantidad de armas de fuego (legales e ilegales) que existen en nuestro país.

Mientras un alto número de personas posean y porten armas de fuego, seguiremos con las elevadas tasas de homicidios que hoy padecemos.

Además de educar para valorar la vida humana, en nuestro país se hacen necesarias reformas sociales, se hace imperioso que se respeten las normas y que la justicia funcione.

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