Martes, 14 de agosto, 2018 | 7:46 am

¡Por fin, la frontera!



La decisión de la administración que encabeza el presidente Danilo Medina de prestar especial atención a la ejecución de iniciativas tendentes a generar arraigo de parte de los habitantes en las comunidades de la frontera de la República Dominicana con Haití, ha llevado satisfacción en aquellos dominicanos y dominicanas que han generado conciencia acerca de la importancia estratégica de esa zona.

En cualquier parte del mundo, las fronteras, especialmente las terrestres, constituyen espacios vitales para los Estados, por lo que la nuestra no debe ser la excepción.

Pero, inexplicablemente, históricamente no ha existido una política de Estado coherente respecto a nuestros vecinos haitianos, con quienes compartimos el territorio de la isla La Española.

La desatención a necesidades puntuales, la falta de oportunidades y la persistencia de altos niveles de pobreza en la mayoría de los pueblos que conforman las provincias Montecristi, Dajabón, Elías Piña, Independencia y Pedernales; han traído como consecuencia que muchos de sus habitantes hayan tenido que emigrar, de manera forzosa, procurando mejores condiciones de vida.

En este contexto, resulta alentador que el Jefe del Estado haya puesto su mirada en la zona, dedicando sus últimas visitas sorpresa a conocer directamente las necesidades prioritarias de los pobladores y cómo viabilizar proyectos productivos que les generen interés para permanecer en sus lares nativos.

Antes se había puesto en marcha el proyecto El Espartillar, pero solo para la provincia Independencia, beneficiando, en agosto de 2015, a 400 familias. Esta iniciativa de corte agropecuario, que surgió de una visita sorpresa a esta comunidad, cuenta de un sistema de riego y comprende unas 14 mil 256 tareas de tierra incorporadas a la producción agrícola y ganadera; ideado para cambiar la vida de cientos de familias campesinas desplazadas por la crecida del lago Enriquillo.

En la mayoría de los países con fronteras terrestres y poblaciones carenciadas, la lucha contra la pobreza es el resultado de la combinación de políticas y actuaciones muy diversas, entre ellas la promoción de proyectos productivos y el fomento de la educación, la sanidad o los servicios sociales.

En otros sistemas, los esfuerzos se concentran en definir una red de prestaciones monetarias destinada a garantizar a todos los hogares un nivel de ingresos suficiente para cubrir sus necesidades básicas.

En 391 kilómetros de frontera, República Dominicana tiene cuatro cruces formales y otros 14 puntos informales; siendo uno de los principales problemas la inmigración ilegal de indocumentados por cuenta propia y el tráfico de personas mediante redes organizadas.

Esta situación provoca serios problemas a los dominicanos en los ámbitos de la seguridad pública y sanitaria.

Nuestro país, por diversas razones, constituye, en términos geopolítico, un Estado débil; cuya incidencia en el escenario mundial no es significativa.

No obstante, jamás podríamos contar con un poder nacional fuerte si no establecemos claramente lo que queremos y aspiramos, actuando en una misma dirección con el firme propósito de alcanzar los objetivos estratégicos deseados.

Los dominicanos debemos cuidar nuestro territorio, y afortunadamente ahora ha aparecido una señal esperanzadora en ese sentido con la mirada puesta por el Jefe del Estado en los pueblos fronterizos.

Ojalá que se genere el arraigo necesario de sus habitantes, a partir de la creación de oportunidades de desarrollo económico y social en esta región estratégica para los intereses de la República Dominicana.
¡Por fin, la frontera!

Publicidad