Sábado, 22 de septiembre, 2018 | 5:02 am

Política y comunicación no verbal



Plena campaña electoral.  El candidato se prepara para dirigirse a sus seguidores. Mientras, se mantiene ocupado saludando a las personas que se dirigen a él.  Y saluda con una manera muy propia de los políticos: con un apretón doble.

Este saludo consiste en que el iniciador del -en este caso nuestro candidato-  encierra entre sus dos manos,  la mano de la otra persona, hace contacto visual directo, acompañado de una cándida y tranquilizadora sonrisa.  Con voz suave repite el nombre de la persona que saluda y le pregunta: “¿cómo estás? “  “¿Cómo va la salud?”.

“Conocido  como el apretón de manos de los políticos, el iniciador del apretón doble intenta dar la impresión de que es una persona merecedora de confianza y honesta”, dice el autor Allan Pease, en su libro “El lenguaje del cuerpo”.

Los políticos y los grandes oradores de todo el mundo están conscientes de  la importancia de conocer  el lenguaje no verbal: saben que un  discurso acompañado de los movimientos corporales que complementen sus palabras, tiene más posibilidades de éxito que el de un discurso donde las palabras digan una cosa y el cuerpo otro.

Otro elemento de la comunicación no verbal que debe saber todo buen político que se precie de serlo, es cómo se viste.  Flora Davis, autora clásica del tema del lenguaje no verbal, lo dice claro:  “la manera de vestir puede alienar o persuadir”.  Y quienes se dedican a la política, siempre pretenden esto último.

‘Los políticos actuales comprenden que la política consiste en la imagen y el aspecto;  y los políticos del más alto nivel disponen de consultores personales del lenguaje del cuerpo que les ayudan a transmitir que son personas sinceras, preocupadas por los demás y honestas, especialmente cuando no lo son”, escribe Allan Peace,  quien fue el entrenador de Vladimir Putin en el manejo del lenguaje del cuerpo.

De acuerdo con este autor, “los políticos pasan mucho tiempo escondiendo la cabeza, simulando, evitando, engañando, mintiendo, escondiendo sus emociones y sentimientos, utilizando pantallas de humo o espejos y saludando amigos imaginarios entre la multitud”.

Y cuando se habla de lo delator  que puede ser el lenguaje no verbal, tenemos que acudir a Richard Nixon.  Varios ejemplos (desde el debate que perdió frente a John F. Kennedy, hasta una rueda de prensa en 1973, cuando su lenguaje corporal lo volvió a poner en evidencia).

A propósito, el psicólogo e investigador del lenguaje no verbal, Paul Ekman, en su libro “Cómo detectar mentiras”   afirma que el cuerpo es otra buena fuente de autodelaciones y de pistas sobre el embuste, porque, a diferencia de lo que ocurre con el rostro o la voz, “la mayoría de los movimientos del cuerpo no están conectados de forma directa con las regiones del cerebro ligadas a las emociones”.

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