Domingo, 11 de noviembre, 2018 | 6:23 pm

Pobreza y corrupción



Con tendencia a seguir disminuyendo, desde 1990 hasta la fecha la pobreza extrema se ha reducido a más de la mitad de la población mundial. Cada día salen de la pobreza 137,000 personas (BM y FMI).

“Somos la primera generación de la historia de la humanidad que puede poner fin a la pobreza extrema, pero el objetivo de erradicar la pobreza extrema aun está lejos” (Jim Yong Kim, presidente Banco Mundial).

Aunque es significativo que en unos 25 años se ha reducido el porcentaje en más de un 27 %, aun un 10 % de personas vive en la extrema pobreza.

La línea de pobreza es un indicador complejo que se define por el costo de una canasta básica de consumo, que incluye gastos de alimentos, ropa y vivienda. Son considerados por debajo de la línea de la pobreza las personas cuyos ingresos se han estimado en 1.90 dólares estadounidenses al día.

Son aquellos hogares cuyos ingresos no alcanzan para cubrir la canasta básica y sus recursos y energías se dirigen únicamente a subsistir.

En República Dominicana hay un 30.5 % de la población en estado de pobreza (Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo). Al ritmo actual, las metas para eliminarla completamente no serán cumplidas para 2030.

A pesar de signos visibles de avances, sigue faltando acceso a educación de calidad, atención médica, electricidad, agua potable y otros servicios públicos esenciales.

No podemos negar que los gobiernos tienen dificultades para llegar a personas pobres que habitan en zonas vulnerables y lugares alejados y frágiles.

Además, para aquellos que han podido salir de la pobreza, el progreso es muchas veces un estatus temporal. Todo sistema vivo, con vida saludable, debe identificar los parámetros y principios que hacen que su existencia sea sostenible, pero también debe desarrollarse, incrementar en complejidad y mejorarse.

Hacer que la economía y los beneficios de las instituciones públicas modernas funcionen para todos debe ser la meta. Esto será posible cuando adoptemos una visión regenerativa de nuestra economía y asumamos con determinación los cambios a nivel estatal que puedan garantizar que la corrupción no nos robe la educación, la salud, la vivienda y la seguridad de nuestros habitantes.

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