Sábado, 14 de julio, 2018 | 2:53 pm

Periodistas megamillonarios, ¿cómo lo hacen?



No hay monarca como un periodista honrado, José Martí.

El doctor Rafael Molina Morillo (1930-2017), el siempre recordado director y fundador de EL DÍA, solía decir que ejerciendo el periodismo serio nadie puede hacerse rico.

Esto lo conversamos varias veces, y cada vez conveníamos en que no se trataba de que el periodista, o un profesional, para ser honesto deba vivir en la pobreza, y menos en la indigencia.

No, eso tampoco. Se trata de que con los sueldos que estos ganan apenas les alcanza para vivir decente, pero modestamente, a menudo con limitaciones.

“Es importante que no crea nadie que puede hacerse rico en el periodismo honestamente; ahora, ejerciendo la profesión en busca de beneficios personales, a costa de cualquier cosa indebida, se pueden hacer ricos; hay muchos ejemplos; pero si usted quiere ser un periodista respetado, un periodista honesto, no piense que se va a hacer rico en el ejercicio de esta profesión”, le dijo Molina Morillo al periodista Fernando Quiroz en 2014.

Pero es evidente que no todos los periodistas piensan así, especialmente aquellos que con más orgullo que María Gargajo se jactan de su fortuna obtenida en poco tiempo.

De hecho, hay capos que aun viven en el barrio donde nacieron, mientras que hay comunicadores con apartamentos en zonas de playa, o en hoteles de lujo.
Como diría Frankie Ruiz “y cómo lo hacen/ yo no sé/ Cuál es el negocio/ sepa usted/”.

La respuesta es simple: haciendo un periodismo deshonesto, que colinda con la delincuencia, chantajeando, vendiendo su pluma, su voz o su imagen como un vulgar mercenario de la palabra, un vulgar subalterno al servicio de quien mejor le pague, no importa si es un funcionario o un empresario corrupto. De otra forma no es posible.

Es una vergüenza que mientras la enorme mayoría de periodistas honestos tiene que recurrir al pluriempleo para llevar una vida decente, algunos de esos mercenarios de la palabra ganan en un mes más que cualquier director de un medio importante en un año. Y sin tapujos, se ufanan de sus riquezas mal habidas.

Y conste, no hay nada malo en ser rico. Todo lo contrario, ser pobre es como una maldición. De hecho, pienso que no debería haber un solo ser humano, y más aquellos que trabajan, que tenga que vivir en condiciones de pobreza.

La humanidad debe avanzar a un estadio en que no haya tantas diferencias sociales entre los hombres.

Pero un periodista que se precie de su honestidad jamás debería olvidar aquellas palabras de José Martí cuando dijo:
“No hay monarca como un periodista honesto”.

German Marte

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