Martes, 18 de septiembre, 2018 | 11:25 am

Perdonar para ser libres



A propósito de la Cuaresma es pertinente reflexionar sobre el perdón como camino de liberación. Perdonar es una necesidad para una buena salud física y mental. Por eso las corrientes sicológicas actuales incluyen terapias basadas en el perdón.

Quien camina por la vida esclavo del rencor está preso de sí mismo y de su amargura. Perdonar no es un signo de debilidad o de baja autoestima. Es reflejo de fortaleza interior y de grandeza.

En Jesús encontramos los argumentos fundamentales para perdonar de forma transformadora:

1. Perdonar por aceptación de la fragilidad humana: El que ofende lo hace por ignorancia, desconocimiento o debilidad. Incluso, si actúa por maldad o problemas de salud mental y la acción produce daños, mirar la condición del que ofende como una persona imperfecta y con limitaciones, induce al perdón y la compasión.

El mismo Jesús, al Dios que hizo milagros y pasó su vida haciendo el bien, al que ofendieron de forma extrema dándole muerte de cruz, fue el que en su agonía expresó: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas 23,34).

2. Perdonar para crecer: El que perdona no se queda en la ofensa, la trasciende y la sublimiza. No se convierte en víctima sino en protagonista de la solución de un conflicto. Crece humanamente, no se estanca en el pasado. Vive el perdón como oportunidad de crecimiento humano, de superación de la adversidad y de expresar lo mejor de sí mismo.

3. Perdonar las ofensas intergeneracionales y culturales: Para ser liberador, el perdón debe ser extensivo a los padres, hermanos, antepasados, a la sociedad y a las culturas que generaron ofensas que pueden arrastrarse generacionalmente, creando odios y perpetuando daños y conflictos que son obstáculos para la paz.

4. Bendecir al y orar por el ofensor: Bendecir al que nos ofende nos ayuda a comprender el daño causado y a sanar heridas.

Presentar a Dios al ofensor es la vía para trascender las ofensas. Este es el llamado de Jesús en Lucas 6:28: “Bendecid a los que los maldicen; oren por los que los vituperan”.

Altagracia Suriel

Publicidad