Paideia



Debido a la herencia histórica y ubicación geopolítica de la República Dominicana, aunado a la traición de muchos políticos, actores económicos y sociales, contra el bienestar de la sociedad dominicana, seguimos atrapados en estadios de subdesarrollo que pudimos superar desde el 1963.

La riqueza generada desde el final de la dictadura de Trujillo ha parado en las manos de un reducido número de familias, el enriquecimiento de centenares de políticos y privilegios concedidos a actores parasitarios del Estado.

La lucha por el 4% para la educación sigue atorada entre gastos en construcciones de escuelas de manera insensata, negocios de comida para beneficiar a políticos locales y un modelo educativo con orientación hacia el adiestramiento en lugar de la formación (bildung). No basta el dinero para colocarnos en la ruta del desarrollo.

Somos parte de la cultura occidental, por lengua y racionalidad, aunque indudablemente en la plasticidad de nuestras formas somos africanos. La pequeña burguesía enrolada en los partidos políticos tiene más hambre de riqueza que el presupuesto nacional, por eso no se sacia y la corrupción seguirá floreciendo más allá de Odebrecht.

El modelo económico, político y social actual de la República Dominicana nos dirige a ese destino.

Necesitamos un gran esfuerzo intelectual, organizativo y de generosidad personal para salir de este atolladero.

Sin mesías, sin ideologías historicistas, con realismo económico y trascendiendo el patrioterismo xenófobo, es posible constituir organizaciones con vocación de poder que nos permitan impulsar derramar equidad, profundizar la democracia, adecentar la vida pública y educar para la plenitud de vida.

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