Sábado, 15 de diciembre, 2018 | 11:18 pm

Otra vez la frontera



Lo que ocurrió el pasado sábado con el doctor Pedro Ureña y un grupo de colegas es un síntoma de la falta de autoridad en nuestra frontera, que a su vez es producto de la falta de institucionalidad generalizada que vive el país.

Que haitianos se atrevan a penetrar en nuestro territorio y secuestrar a un grupo de dominicanos es alarmante. Pero que además, soldados dominicanos se queden mirando sin hacer nada, mientras está en peligro la vida de ciudadanos dominicanos, es un hecho aberrante que debe ser repudiado enérgicamente por todos los sectores de la vida nacional.

Esos dominicanos estaban recorriendo su país, con todo el derecho de hacerlo. Los dominicanos jamás deberían sentir miedo de recorrer su propio país. Para eso supuestamente tenemos un gobierno.

Imaginen lo que estaría pasando ahora si a esos dominicanos les hubiese pasado “algo”. Una masacre pudo desatarse si a uno de esos malnacidos le hubiese dado la gana de enterrarle un cuchillo a alguien.

Lo que puede llegar a ocurrir aquí, si no se ponen controles, dejaría el evento de 1937 como un cuento de niños. Esperemos no llegar ahí, pero no es mirando para otro lado que se resuelven los problemas, es resolviéndolos.

República Dominicana tiene que establecer una frontera real, y quien la viole debe pagar las consecuencias.

El Ejército de República Dominicana debe ser destinado de forma exclusiva a la protección fronteriza, con soldados bien pagados, bien entrenados y bien equipados.

Se gastan miles de millones en teleféricos y metros que solo benefician a una pequeña parte de la población; mientras en la mayoría de los 276 kilómetros de frontera con Haití no hay ni tres cuerdas de alambre.

Estamos como quien compra costosos electrodomésticos pero deja su casa sin puertas ni ventanas.

Finalmente, tengamos una cosa clara, la culpa del “desorden” en la frontera no es de los haitianos, sino de las autoridades dominicanas que lo permiten.

Estamos gobernados por traidores a la patria, hasta que no cambiemos eso, es difícil cambiar cualquier otra cosa.

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