Lunes, 15 de octubre, 2018 | 2:58 pm

Nueva edición del libro sobre Trujillo



Ya salió de imprenta la segunda edición de mi libro “La ‘Era’ en los días del fin”. Precisamente en víspera del cincuenta y siete aniversario del principio del fin de la terrible “Era”.

Aquel que vivió matando no podía morir a sombrerazos, y fue ajusticiado el 30 de mayo de 1961.

Esa muerte debió ser seguida de un proceso de cambios políticos que culminaran en un régimen democrático, pero los norteamericanos metieron sus manos.

Acosados por el fantasma de la revolución cubana en aquellos tiempos candentes de la guerra fría, hasta el propio presidente Kennedy declaró que no renunciaría a mantener el viejo orden trujillista, hasta estar seguro de evitar una revolución como la cubana en nuestro país.

Los norteamericanos decidieron mantener en pie la maquinaria de la tiranía. Los principales líderes políticos de entonces cooperaron con ese designio yanki.

Tanto los de la Unión Cívica Nacional, como el profesor Juan Bosch, líder del Partido Revolucionario Dominicano, fueron los mayores cómplices de la componenda mediante la cual el pueblo fue engañado y burlado sus anhelos de cambios reales.

La izquierda fue consecuentemente antitrujillista, denunció a los “cívicos” y se opuso al borrón y cuenta nueva que aplicó Bosch, pero no tuvo ni podía tener la suficiente madurez ni la fuerza para impedirlo. Ni siquiera una Comisión de la Verdad pudo crearse.

La impunidad se impuso y el trujillismo sin Trujillo quedó en pie. Rafael Trujillo, que por momentos parecía invencible, terminó muy merecidamente cosido a tiros en el baúl de un carro.

Pero las instituciones en que se apoyó la tiranía, los personajes, en fin, la cultura política y el manejo del Estado propios del trujillismo nunca fueron desarraigados y hoy sufrimos las consecuencias.

Trujillo se volvió un fenómeno y es probable que sobre él se hayan escrito más libros que sobre Duarte. Entonces yo también publiqué el mío en 2006; en tono de denuncia cruda de la “Era”, desde la cotidianidad de la que yo mismo fui testigo durante mis primeros diecinueve años de vida.

Esta segunda edición aparece ahora, cuando el trujillismo pretende adquirir hasta representación política y electoral, y ojalá los lectores de mi libro encuentren en el más razones para luchar por la transición democrática que está pendiente desde 1961 y Rafael Trujillo y el trujillismo político y estatal queden definitivamente muertos y en el pasado.

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