Sábado, 15 de diciembre, 2018 | 10:29 am

No es fácil administrar justicia



Ser juez es una de las tareas más delicadas, porque se le otorga autoridad para juzgar y sentenciar y es responsable de la aplicación de las leyes.

Definitivamente, ser árbitro es una tarea que trae muchas controversias de acuerdo a los intereses que afecte.
Esta es la persona que resuelve una controversia o que decide el destino de un imputado, de un choque deportivo cualquiera, dado que la justicia debe aplicarse en cualquier circunstancia ante la lucha de intereses.

Un partido deportivo cualquiera debe estar supervisado por uno o más jueces que tienen el deber de tomar decisiones correctas ante cualquier jugada, en especial cuando es cerrada.

Pero no todos, por diversas razones, están en capacidad de administrar justicia, dado que muchas veces por diversas razones abandonan el sagrado principio de la imparcialidad.

La ausencia de aplicación de esta ha sido causante de múltiples inconvenientes, al punto que las sociedades se han visto compelidas a protestar ante indelicadezas de jueces al momento de dar un dictamen.

El pasado lunes, en el tercer partido de la serie entre los Yanquis y los Medias Rojas de Boston se produjeron decisiones del árbitro, en inglés denominado “umpire”, Ángel Hernández que dejaron mucho que desear, incluso entre los propios seguidores del equipo que favoreció con sus decisiones.

Por suerte, ahora se analizan las jugadas cerradas, mediante sistemas electrónicos sofisticados, pero la verdad monda y lironda, es que el cubano Hernández es un “juez” muy “despistado”.

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