Jueves, 15 de noviembre, 2018 | 7:45 pm

No a la masacre israelí en Palestina



Al menos 52 palestinos, incluidos ocho niños, perdieron la vida y más de 2,000 resultaron heridos ayer durante protestas pacíficas en la frontera entre Gaza e Israel contra el traslado de la Embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén.

La de ayer en la Franja de Gaza es la jornada más sangrienta del conflicto israelo-palestino desde los choques de 2014 en territorio palestino.

Según la agencia EFE, al menos una treintena de los heridos se encuentran en estado de extrema gravedad, 71 tienen consideración grave, unos 800 de gravedad media y cerca de un millar sufrieron heridas leves.

Más de 918 de los heridos fueron por munición real, cinco por balas recauchutada, 98 por restos de metralla, 196 por golpes y contusiones y más de 700 fueron atendidos por asfixia por gases lacrimógenos. Un acto de barbarie, ante una ONU indiferente.

Donald Trump debe estar muy satisfecho. Aunque reculó frente a King Jong-un, logró teñir de sangre la Franja de Gaza con una medida que ninguno de sus antecesores quiso tomar, por contraproducente. Una acción ilegal, una provocación innecesaria.

“Un borbotón de sangre, he ahí el resultado” (Pedro Mir).

La masacre de ayer es un abuso más de Israel, cuya gente fue víctima de un genocidio sin nombre de parte de los nazis en la Alemania de Adolfo Hitler.

Paradójicamente, la víctima ahora es el victimario.

Puede que ahora no, pero tarde o temprano, ese que en la Biblia se le llama “el pueblo elegido por Dios”, deberá comparecer ante un tribunal y pagar por el genocidio contra el pueblo palestino. Como ocurrió con los nazis.

Ver jóvenes con tirapiedras frente a soldados con poderosos fusiles es como volver a los tiempos de David contra Goliat.

En mi opinión, Israel tiene derecho a existir como nación y como Estado. Pero mucho más razón tiene a la sobrevivencia y a la soberanía el pueblo palestino.
¡No más sangre inocente!

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