Martes, 11 de diciembre, 2018 | 11:53 pm

‘Nadja’, el surrealismo y los sorprendidos



El fenómeno intelectual, ideológico-político y cultural del surrealismo no fue ajeno, en modo alguno, al quehacer artístico dominicano, pudiendo subrayarse la vinculación de un movimiento de envergadura, como el de La Poesía Sorprendida, que data de 1943, cuyos principales exponentes, llevados de la mano del artista español exiliado en nuestro país Eugenio Fernández Granell, tuvieron la oportunidad de conocer y reunirse con la autoridad suprema del movimiento surrealista, André Breton, en sus visitas al país en 1941 y 1945. Además, la cercanía y puesta en práctica del lenguaje y las ideas estéticas surrealistas por parte de artistas visuales nuestros formados en Europa o influenciados por sus corrientes estéticas.

En “Nadja”, texto emblemático no solo de André Breton, sino del surrealismo en general, luego de la alusión, en procura de rescatar el valor de lo cotidiano, a Víctor Hugo y los paseos con Juliette Drouet y de las citas de Flaubert y su pasión por dar la impresión de colores a través de sus escritos, el narrador se refiere al artista y escritor Giorgio de Chirico y lo interesante que sería reconstruir el universo que fue el suyo hasta 1917, más allá de las telas pintadas y un cuaderno de notas.

“Chirico reconoció entonces que solo podía pintar sorprendido (y él era el primero) por ciertas disposiciones de los objetos y que todo el enigma de la revelación se cifraba para él en esta palabra: sorprendido”.

Y añade: “Por lo que se refiere a mí, más importante aún de lo que es para el espíritu el encuentro de ciertas disposiciones de cosas, considero las disposiciones de un espíritu con respecto a ciertas cosas; estos dos tipos de disposiciones rigen por sí mismas todas las formas de la sensibilidad”.

Es desde ese ángulo de miras que los sorprendidos de nuestro país, bajo el lema “La poesía con el hombre universal”, estructuran sus postulados estéticos, moldean su sensibilidad y facturan sus creaciones artísticas.

De acuerdo con Mercedes Santos Moray, los sorprendidos dominicanos darán un vuelco significativo en la estética, al acentuar los elementos irracionalistas del surrealismo, el papel de lo onírico y del subconsciente, y también al subrayar el yo individual como eje del quehacer artístico, generando una fuerte conmoción en la historia literaria dominicana.

“Si es verdad que esta poética, vinculada ideológicamente a una concepción filosófica idealista, significo´ en lo político un retroceso, en lógica contradicción dialéctica y como manifestación de la crisis imperante bajo el trujillismo, sirvió también para sacudir el lenguaje literario anquilosado en sus expresiones, para dotar a la lírica de un nuevo aliento, y sobre todo, para actualizarla y situarla al compás del quehacer universal”.

Si bien la noción de retroceso me parece discutible, no lo es, en cambio, que la cosmovisión y la praxis poética de los sorprendidos imprimió un nuevo aliento a la tradición poética nacional, confrontando el localismo del Postumismo y colocando el horizonte del arte universal en el umbral de nuestros artistas, escritores e intelectuales.

En la presentación del libro “Para leer Nadja, de André Breton” (Ediciones Bangó, 2018), su autor, Manuel García Cartagena, destaca la huella de la admiración y emulación del ideal estético surrealista en artistas y escritores consagrados de nuestro país, desde el decenio de los cuarenta hasta los años ochenta del pasado siglo XX.

En los autores de la Generación de los ochenta hay una manifiesta vocación y práctica de asimilación del ideal estético de La Poesía Sorprendida, aunque sin tinte ideológico ni menosprecio del ideal estético del Postumismo, especialmente, en la recuperación del color léxico y sintáctico del español dominicano.

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