SANTO DOMINGO.- Cuando la sociedad dominicana, en su enorme mayoría, parecía rendirse ante el auge de la corrupción y el dinero fácil, en medio de un ambiente político arropado por el clientelismo, la falta de principios y el transfuguismo, entonces surgieron ellos con su irreverencia a cuesta, y en nombre de la ética y los principios olvidados por otros hicieron oír su voz acusadora.
Pero no lo hicieron como gallos locos, sino con argumentos contundentes y con un estilo diferente, que de inmediato captó la atención de muchos.
Justo en el momento en que antiguos defensores del medio ambiente claudicaban y hacían malabares para “justificar” proyectos enemigos de la madre natura, se levantaron ellos y gritaron “irreverentes” que esto no puede seguir así.
Utilizando recursos como la internet supieron romper el cerco mediático que les quisieron imponer, y se hicieron sentir, a pesar de la complicidad de algunos medios con acciones lesivas al interés nacional.
No son “loquitos viejos”
Millizen Uribe y Jonathan Liriano, periodistas; Hecmilio Galván, economista, egresado de Intec; María del Mar Mella, estudiante de Derecho; y Luis José López, estudiante de Comunicación de la PUCMM, son algunos de los representantes de una nueva generación que sin medir riesgos ha sabido expresar su rechazo a tantos males que otros ya han comenzado a ver como algo “normal”.
Otros que forman parte del coro de voces contestatarias son Elizabeth Mateo y Alexander Mundaray, Guillermo Peña, Julio Tallo, Ingrid Luciano, Paloma Rivera y Darwin Ayala. Basta hablar con algunos para saber que se trata de gente pensante y dispuesta a luchar por un país mejor.
Y por su procedencia nadie se atrevería a llamarlos “chusmas”, “tígueres”, “revoltosos”, ni “resentidos sociales”, como suelen estigmatizar algunos a los dirigentes barriales, porque muchos de ellos provienen de familias de clase media acomodada.
Emulando al grupo de “muchachos” encabezados por Juan Pablo Duarte , están demostrando que no todo está perdido, y que no todos los jóvenes dominicanos quieren ser peloteros, narcotraficantes o mamberos.
Que aquí y ahora hay una juventud dispuesta a luchar por una sociedad más justa, más decente y más humana.
La otra feria
Con la irreverencia que suele caracterizar a la juventud, muchos de ellos saltaron a la palestra pública cuando se atrevieron a montar “La otra feria”, un evento paralelo al organizado por el Gobierno de Leonel Fernández al cumplirse los 10 años de haber llegado al poder, y mientras los voceros del Gobierno resaltaban los logros alcanzados por su líder desde el Palacio Nacional, ellos levantaban el índice acusador señalando la falta de medicina en los hospitales y pupitres en las escuelas públicas, la corrupción, la impunidad, la agresión al medio ambiente y el alto costo de la vida.
La torpeza y la represión del Gobierno logró hacer que más gente se interesara por el evento.
Del zapatazo a la cementera
A “La otra feria” han seguido innumerables actividades caracterizadas por las denuncias contra la corrupción, como “El zapatazo” a los corruptos, y últimamente el campamento en la comunidad de Gonzalo contra la instalación allí de una cementera.
Fue gracias a su valentía y tenacidad que lograron sacar a la luz el tema y sensibilizar al resto de la sociedad, al grado de obtener una sentencia que tiene paralizada la instalación de la fábrica.
Los movimientos
“¡Toy Jarto! ...pero creo en mi país”, “Ahí e`que prende”, La Multitud, Germinando Ideas, Justicia Global, La Revuelta, Juventud Caribe, Autoconvocados y “JUES” (Jóvenes Unidos por un Estado Sano) son algunos de los movimientos juveniles más destacados.
Todos estos grupos tienen sus blogs, por medio de los cuales hacen llegar sus mensajes a la población.
De hecho, coordinan parte de sus actividades utilizando redes sociales como Facebook y Twitter.
Y cada vez más estos muchachos logran poner el dedo sobre las llagas de una sociedad ávida de voces que anuncien un futuro mejor.







Y tampoco me gusta que sólo se habla de estas organizaciones como si nada más fueran de gente de clase media acomodada. Sí, algunos lo son... pero hay agrupaciones de las que se mencionan en el artículo que tienen un trabajo comunitario, con la gente de los barrios y los campos y que sus dirigentes también son muchos de ellos comunitarios... ejemplo es el colectivo caracol, que tienen gente de lomas, de barrios, de escuelas.
Lo que me pregunto es por qué sólo se habla de algunas cosas?