Lunes, 16 de julio, 2018 | 9:34 pm

Modelo de atención a la salud mental



Quizás él no lo recuerde, pero yo no lo olvido. Corrían los 90 y mi entonces director en el ahora desaparecido periódico El Siglo, el respetable Bienvenido ÁlvarezVega, me prestó una novela que me marcaría para siempre: “Los renglones torcidos de Dios”, del español Torcuato Luca de Tena.

Fue a raíz de un reportaje sobre la presencia de personas con discapacidad intelectual que deambulaban por calles y carreteras del país, en lo que, desde nuestro punto de vista, constituía una especie de castigo, solo “por ser ellos mismos”.

Sin normas ni imposiciones.

Para la ocasión, entrevisté al maestro de la Psiquiatría contemporánea dominicana, don Antonio Zaglul (1920-1996), quien, además, era vecino de nuestro periódico, localizado en la calle San Antón, del sector Herrera, en la Capital.

Intelectual de fuste, autor de varias obras de psiquiatría, incluyendo la muy reconocida y popular “Mis 500 locos”, era imposible obviar sus valoraciones sobre la realidad que vivían y siguen viviendo personas impactadas en su salud intelectual.

El tema de políticas públicas sobre Salud Mental es parte de esa “gran deuda social acumulada”, en torno a la cual se producen esfuerzos para vencerlas.

Hay una sensibilidad y una visión social. Existe un nuevo modelo de atención a la salud mental, que convierte “el manicomio”, o “el 28”, como también se conoció al Hospital Psiquiátrico Padre Billini, en un Centro de Rehabilitación Psicosocial.

Hasta agosto del pasado año, constituía un depósito de hombres y mujeres muriendo día a día, sin saberlo y sin que pareciera importarle a alguien.

Este nuevo modelo está basado en la atención en la Unidad de Intervención en Crisis y el seguimiento continuo desde la Unidad de Atención Primaria más cercana. Un tratamiento digno y humano.

“97 enfermos mentales ya han sido rescatados de las calles”, es el título de un reportaje que muestra el resultado inicial de un proyecto integral desarrollado por el Ministerio de Salud Pública, a través de su Dirección de Salud Mental, y el Despacho de la Primera Dama.

Hombres y mujeres que deambulaban ante la indiferencia de muchos, las burlas de otros y la preocupación de algunos, hoy están de regreso al seno familiar.

Otros, en las Unidades de Intervención de Crisis, que funcionan en la mayoría de los hospitales de la capital.
Es una hermosa demostración de que “los renglones torcidos de Dios” se van enderezando, y qué bueno. Al fin y al cabo, “de músicos, poetas y locos todos tenemos un poco”.

Humanas y valientes políticas sociales públicas, a favor de sectores nunca antes incluidos. ¡Enhorabuena!

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