Viernes, 21 de septiembre, 2018 | 11:02 pm

Mijo, la ignorancia se da silvestre



Aun no salgo de mi asombro, cuando veo a latinos que apoyan las ejecutorias de un desequilibrado mental como Donald Trump.

Cada ser humano tiene derecho a seguir y apoyar a quien le plazca, pero hacerlo con alguien que reiteradamente ha demostrado que percibe a los latinos como una subcategoría humana, es realmente incomprensible.

Desde el momento en que se dirigió a los mexicanos como delincuentes, violadores, hasta las ocasiones en que ha calificado a países del tercer mundo como “shit holes”, cuya traducción literal es hoyos de mierda, ha sido más que evidente su desdén hacia aquellos que en su retorcida mente no son, según sus prejuicios, puros.

Basta con recordar cual ha sido su actitud en situaciones de enfrentamiento racial, y que figuras del racismo, lo han apoyado en sus planteamientos, como aquella vez que en Charlottesville, Virginia, luego que un blanco supremacista atropellara a personas con un auto, dijera que “había personas buenas de cada lado” cuando uno de los lados estaba conformado por nazis y racistas.

He intentado comprender, sobre todo a los dominicanos que apoyan a Trump, y no he podido, es un asunto muy simple: ¿Cómo besar la mano que sostiene el látigo que te azota?

¿Qué descompensación cerebral puede tener un dominicano, para aplaudir a quien te considera menos que él?

Muchos de ellos se sustentan en que este solo intenta hacer cumplir las leyes de migración, y uno se pregunta: ¿Y para hacer eso hay que abusar, denigrar e insultar?

Las ultimas prácticas de separar los hijos de sus padres cuando intentan entrar a territorio de los Estados Unidos de Norteamérica, son no menos que aberrantes, y sin entrar en debate sobre si dicha práctica era realizada antes, es sencillamente inconcebible que esa acción sea utilizada como mecanismo de presión para imponer la agenda migratoria xenófoba de un bully.

Habría que ver qué harían quienes apoyan este tipo de cosas, si la vida los coloca en una situación en las que sean desconsiderados sin razón, pues al final se reduce a eso, gente con una manifiesta ineptitud para colocarse en los zapatos de otro.

Trump, en sus descabelladas ideas, ahora se ha embarcado en guerras comerciales incluso con sus aliados de toda la vida, y sus borregos lo aplauden en el entendido de que el mismo lo hace en el interés de los Estados Unidos de América.

Sin embargo, olvidan que estamos frente a un sujeto cuyo único fin es ser el centro de atención, el mejor en todo, el más grande, el que más sabe, en fin, un narcisista, paciente psiquiátrico que no mide sus acciones.

La pasada semana, el discurso principal en la ceremonia de graduación de mi hijo en una universidad canadiense, fue pronunciado por el estadunidense premio nobel de química Peter Agre, un científico, eminencia en el tratamiento de la malaria, que al iniciar pidió disculpas al pueblo de Canadá por el comportamiento del presidente de EUA, para luego calificar al mandatario como lunático.

No es la primera mente privilegiada que le llama así, ni será la última.

Mientras tanto, algunos cretinos del patio y otros con green card, seguirán con su retorcido e incomprensible apoyo.

Y es que muy bien lo decía mi padre: “Mijo, la ignorancia se da silvestre”.

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