Martes, 19 de junio, 2018 | 1:21 am

Miedo



Quiero compartirles un poema que escribí hace diez años, y que publico por primera vez.

En él confieso mis miedos, pues si ser valiente es un merito, reconocer los temores también lo es.

Estoy muy lejos de ser un poeta, espero que les guste. Pero antes, una pequeña reflexión.

Dos son los sentimientos que mueven al ser humano: el amor y el miedo. Puede ser el amor por uno mismo, por los demás o por un ser supremo.

El Che decía que “el revolucionario verdadero está movido por un profundo sentimiento de amor”, amor por la vida, por la justicia, por la humanidad.

Jesucristo también nos trajo el mandato supremo de amar nuestro prójimo como a nosotros mismo (Mateo 22:39).

Son las acciones movidas por el amor las que nos acercan más a Dios y nos llevan a cumplir con el objeto de la vida.

Es por eso que actuar por amor nos genera una satisfacción interna, pues es un alimento para nuestra alma y espíritu.

Pero a la vez es imposible no sentir miedo, hasta Cristo en el Monte de los Olivos sudó sangre por el estrés que produce el miedo profundo.

El miedo es un sentimiento humano, y la grandeza es hacer lo que nos manda el amor de nuestro espíritu, a pesar del temor de nuestro cuerpo; hacer lo que sabemos que es correcto, aunque nos dé miedo hacerlo.

Ahora sí, aquí les comparto mi poema:

Miedo

Tengo miedo,
miedo de vivir sin importar,
miedo de pasar por el mundo,
sin que el mundo sepa que pasé por él.

Miedo de olvidar lo que en verdad soy,
de olvidar lo que en realidad quiero,
miedo de ser lo que aborrezco,
miedo de convertirme en lo que odio.

Tengo miedo de mirar hacia atrás algún día,
y ver que no soy nada de lo que quise ser,
de mirar hacia atrás,
y ver que ya es muy tarde para ser lo que no fui.

Tengo mucho miedo,
miedo de equivocarme,
miedo de ser inútil,
miedo de olvidar las cosas me dan miedo.

Claudio Caamaño Vélez

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