Mi vida, como si fuera un poema o una novela “lacrimógena”



 

Porque…El Sol luce; la Luna brilla y

Yo, en tus ojos me reflejo.

Un amor que no me quiera pero,

 Que me extrañe; que me abrace

Sin ahogarme y, me

Deje volar aunque no tenga alas.-

Hoy, hablar de amores, es como una catarsis para reconocer lo bello de la vida y a la vez un anatema. Hablar del amor y del querer utilizándolos como una barrera impenetrable contra todo lo malo y todo aquello que causa sufrimiento. Aprovechar la oportunidad que nos brinda el Divino cuando le rogamos porque nos regale algo y él nos brinda la oportunidad para realizar lo que en realidad deseamos, ya que aunque nadie nunca jamás lo ha visto, él y solo él,  nos regala la oportunidad de llevar a cabo lo que en realidad deseamos, porque nada viene del más grande sin que implique algún tipo de sacrificio, tal y como está escrito…¡Ayúdate, que yo te ayudare!

Y no me refiero a todas aquellas esperanzas e ilusiones sin fundamentos,  vanidades propias del ser humano que al final se constituyen en una especie de dolorosa locura, no, hablo de aquellas ilusiones que nos motivan al sacrificio de comprender, de abrir y cerrar, de hacer sentir todo aquello que nos motiva a bien vivir, que aun y quisiéramos ocultar, resultan tan obvias para las personas que nos rodean, que no existen argumentaciones y pantallas oscuras que puedan ocultarlas. Si, te quiero y qué eso, solo eso es suficiente para vivir con una sonrisa a flor de piel, aún en el peor de los inviernos.

Porque la vida es algo más que todo aquello que nuestros ojos ven. Son los sentimientos que pueden reconocer aquellas oportunidades y encerrarlas con amor y cariño dentro de nuestros corazones y no como hacen los ojos, que no las reconocen y ellas vuelan buscando otro destino. La cuestión no es de perdedores o ganadores, es estar consciente de que con ese ser se puede ser feliz y la comprensión de esta situación por igual nos haga saber, que también si no está, de igual manera y en cualquier momento y lugar, la esperanza aparecerá disfrazada de amor y cariño trayendo de nuevo la felicidad. Así nomás.

Escuche a uno de los llamados “generación del milenio”, decir que el amor solo existe en la mente de algo que llamaban poetas y no me asombré, porque muchos solo son víctimas de un “modernismo cruel y sanguinario” que les ha enseñado que lo material es lo importante, sin que nadie los oriente, porque el que mal se asesora, a malas conclusiones llega. Y es verdad que lo material es importante pero, no lo único, es el conjunto de cosas que hacen aquello que constituye lo material, es simplemente el amor y el buen querer, es decir, que sin esa esencia, lo material pierde todo el valor que pudiera en su momento tener y tarde o temprano, terminara abandonado en cualquier rincón o lote de basura.

En el amar todo se trata de tolerancias y, las acciones son las que definen la felicidad o las amarguras, a sabiendas de que el destino siempre nos pone cosas en el camino que hemos deseado y tratado de dejar atrás. Tratar de ser bueno, con acciones que nos definan y pongan distancia de todas aquellas personas que nacieron con la esencia del mal, de aquellos que van depositando sus heces en diferentes letrinas, porque se han formado de manera permanente en base a un pasado desprovisto de la esencia del querer, la humildad y el sacrifico de siempre luchar en buena lid, donde cada derrota los convierte en seres amargados y resentidos.

Querer por encima de las personas malas, envidiosas, de aquellas que las alegrías y el amor de otros les agria hasta la sangre, porque la gente mala hace cosas terribles, las traiciones son su desayuno, la mala fe su almuerzo y el ser mal agradecido su cena. La envidia y la ambición les hace desconocer lo dicho por Alan Cohen: “Estar contento significa, que te das cuenta de que contienes lo que estás buscando”. En fin, vivir como si fuéramos a morir mañana; como si fuera una novela; vivir como te venga en ganas pero con responsabilidad; que cada día, cual si fuera un verso, armoniosamente vaya componiendo un bello poema, que llevará por nombre… ¡Mi vida! Así nomás. ¡Si señor!

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