Mi padre (1 de 2)

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Por: Claudio Caamaño Vélez

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20 marzo, 2017 12:02 am



Este miércoles 22 de marzo se cumple el primer año de la muerte de Claudio Caamaño Grullón.

La familia y amigos nos reuniremos a las 9:30 a. m. en su tumba, en el cementerio de la Máximo Gómez, donde le llevaremos flores y recordaremos su ejemplo; a las 5:30 p. m., en la iglesia Las Mereces (Zona Colonial), oficiaremos una misa en su memoria.

Les invitamos a acompañarnos.

Ya ha pasado un año de la “muerte” de mi padre. Por momentos me invade el recuerdo de ese día que entré a la sala de cuidados intensivos del Centro Médico UCE y vi su cadáver.

Recuerdo como ahora, que le miré, no como quien mira a un padre, sino como quien mira al ser que más admira en el mundo. Mi ídolo. Miré su frente y quise quedarme con sus ideas, con sus conocimientos, con sus experiencias.

No podía creer que ese hombre, cuyo cuerpo aun estaba tibio, se encontraba ahí sin vida… El combatiente de Abril; ese que en dos ocasiones se sublevó en las montañas, desafiando la maquinaria de un régimen despiadado y perverso. Ese hombre que me había enseñado tantas cosas, ese ser humano de leyenda, ese hombre de acero.

Lo miré fijo por apenas segundos, que parecieron una eternidad.

Mi padre, era para mí mucho más que mi padre. Era sin dudas mi mejor amigo, la persona en la cual podía confiar cualquier cosa.

Mi padre era mi consejero, y mi principal fuente de motivación; me animaba a escribir, a tomar acciones, a nunca perder la fe en nuestro pueblo.

Era esa persona que si me decía: “tú puedes”, nada podía detenerme. Mi padre era mi líder y mi guía. Hablábamos al menos tres veces al día; y me sentía sumamente orgulloso cada vez que me decía “hijo quiero verte para consultarte algo”: usted se imagina, al hombre que uno más admira en el mundo, a la persona que es su mayor ejemplo, pidiéndole su opinión sobre algo.

Es un sentimiento indescriptible, y que solo recordarlo me estremece el alma.
Perdonen si les aburro con mi narrativa, es solo que me gustaría que ustedes conocieran a mi padre como lo conocí yo. Es generalmente fácil hablar bien de alguien que ha fallecido, pero créanme, para mí es de gran esfuerzo hablar en pasado de Claudio Caamaño Grullón. Eso de utilizar la palabra “era” en lugar de decir “es”, es algo a lo que no me acostumbraré nunca.

Quiero usar este escrito, no para enfocarme en las razones por las cuales murió mi padre, ni las circunstancias. Eso lo estamos debatiendo en los tribunales, y les juro a todos ustedes que su muerte servirá de precedente para salvar muchas vidas.

Se los juro por la memoria de mi padre, se los juro por mi propia sangre.
Quiero en este momento recordar con todo el amor del mundo a ese ser humano lleno de amor. Podría resultar paradójico que una persona que en muchas ocasiones tomó las armas (primero para devolver la democracia a nuestro pueblo, e inmediatamente para defender la Patria del invasor extranjero; luego en dos ocasiones para deponer un régimen despótico y criminal) fuera una persona tan amorosa.

De hecho, nuestro padre nos enseñó a que las cosas no se pueden hacer por odio ni por venganza. Nos enseñó que las cosas se hacen por amor.

Arriesgó muchas veces su vida, y también tuvo que quitarles la vida a muchas personas, pero en todas esas acciones lo que le movió fue el amor, el amor por su país, por su Patria, por su pueblo.

Sin dudas mi padre ha sido la persona más amorosa que jamás he conocido; con una gran capacidad de sentir sobre sí mismo el sufrimiento de los demás, y de preocuparse de forma sincera por los problemas colectivos, aunque a él personalmente no le estuvieran afectando.

Al principio no entendía cómo mi padre se preocupaba más por ayudar alguna otra persona que por buscar su propio beneficio. Eso es algo que solo se enseña con el ejemplo.

Cuánto agradezco no haber tenido un padre egoísta, aunque eso nos haya implicado muchas carencias materiales.

Cuánto agradezco haber tenido un padre honesto y pulcro, aun que eso nos haya cerrado el camino a los grandes lujos.

Cuánto agradezco que mi padre nos enseñara, a veces de forma dura, que hay que contentarnos con lo que tenemos, que lo más importante para ser felices no es tener el mejor vehículo ni la casa más grande, sino tener una conciencia limpia; que la mejor comida, es aquella que nos ganamos de forma honesta.

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