Martes, 16 de octubre, 2018 | 8:14 am

Mi madre



Es cierto, ya pasó el “día de las madres”. Pero todos los días son oportunos para honrar y agradecer a quien nos llevó en su vientre, nos trajo al mundo, y nos ha amado con todos nuestros defectos.

Tuve la suerte de tener un gran padre, muchas veces lo he expresado. Pero si orgulloso he de sentirme de mi padre, aun más orgulloso y afortunado me siento de mi madre: Fabiola Vélez Catrain.

Una mujer fuerte, tan fuerte como para recibir los más duros golpes que puede recibir un ser humano, y no permitir que se desvanezca su dulce sonrisa. Su respuesta ante la vida y sus circunstancias son la mayor enseñanza que he podido recibir.

Supo resistir el exilio, y esperar a su marido encarcelado por luchar por la patria. Nunca la escuché reprochando a mi padre por dedicar lo mejor de sí a su país, todo lo contrario. Además de esposa fiel, fue también su leal compañera.

Mi madre es una mujer muy fuerte, pero con un corazón lleno de amor, que jamás deja de soñar y ver la vida con esperanza. Llora y a la vez sonríe. Se indigna ante las injusticias, pero no se resigna, las combate, y nos anima a enfrentarlas.

Nos ha enseñado a ser firmes, pero sin odio; a mirar a las personas de frente y respetarnos en nuestras diferencias. Y claro, nos ha enseñado a ser fuertes, sin dejar de ser amables.

Lleva seis años buscando justicia por el asesinato de su hijo, no por odio, sino para que no triunfe la impunidad. Se enfrenta al sistema de salud que dejó morir a su esposo, no por venganza, sino por sentar un precedente que salve otras vidas.

Agradezco a mi madre, no solo por traerme a este mundo, también por enseñarme a caminar por él, y por ser uno de mis más bellos ejemplos a seguir.

Hoy no es “día de las madres”, pero igual hoy soy tu hijo y eres mi madre… Te felicito mamá, y en ti, a todas las madres, pues cada una de ellas tiene su propia historia, y también son las heroínas de sus hijos.

Publicidad