Viernes, 16 de noviembre, 2018 | 2:01 am

Lula, un símbolo de esperanza



Preso seré un héroe, si me matan, seré mártir; si me dejan libre, presidente otra vez”, Luis Inacio –Lula- Da Silva.

Cómo puede un exobrero metalúrgico, con de 75 años a cuesta y encerrado en una celda de 15 metros cuadrados, gravitar tan poderosamente en un país inmenso como Brasil. Esa es para muchos la pregunta del millón de dólares.

La razón es que Lula es un animal político que trasciende la pequeña celda allá en Curitiba, donde está encerrado desde el pasado sábado “para cumplir” una condena de 12 años que le fue impuesta por una justicia incapaz de perseguir y condenar a los verdaderos corruptos de Brasil.

Pienso que la razón fundamental por la cual fue condenado, y rápidamente enviado a prisión, es que el otrora líder sindical se ha convertido en un mal ejemplo, en un incordio para el sistema. Lula es una esperanza para millones de gente pobre que ve en él un símbolo de redención.

Es por tanto un blanco para quienes quieren que Brasil retroceda.

No nos engañemos creyendo que Lula está preso por ser un corrupto más de los tantos implicados en el caso Lava Jato, uno de cuyos capítulos es el caso Odebrecht. Está preso precisamente porque representa “una amenaza” para los grupos conservadores que saben que tiene todas las posibilidades de ganar las próximas elecciones presidenciales.

A Lula le temen porque de volver a ser presidente es casi seguro que daría continuidad a una gestión que, si bien fue hasta tímida en impulsar la transformación de Brasil en un país socialista, porque ese no fue su objetivo, al menos contribuirá a mejorar la vida de millones de personas, especialmente gente pobre, indígenas, los residentes en las favelas a donde –como pasa aquí con la mayoría de nuestros campos y barrios populares- no llegan ni las migajas de la riqueza que entre todos produce el país.

La derecha de Brasil todavía se pregunta cómo pudo un obrero con ideas revolucionarias fundar el Partido de los Trabajadores (PT) y después de estar preso en 1980 por encabezar una huelga en la industria metalúrgica, ir a elecciones, ganar y finalmente hacer un gobierno capaz de sacar a más de 30 millones de brasileños de la pobreza.

¿Cómo pudo Lula convertirse en uno de los líderes más influyentes, no solo de Brasil, sino del mundo?
Y por eso le temen como el diablo a la cruz. Tienen prisa en destruirlo antes de las elecciones. Los próximos días serán determinantes. Hay que ver de qué será capaz el PT y las masas que él representa.

No nos dejemos confundir, la sentencia contra Lula Da Silva es otra estocada contra la democracia brasileña y todo el movimiento progresista y de izquierda en América Latina, y quién sabe si termina –aunque yo lo dudo- en un régimen de facto.

Lula no está preso por corrupto, sino por lo que representa. Si fuera por corrupción, primero habría que encerrar a muchos de quienes hoy le acusan. Michel Temer no sería presidente y casi todo su gabinete estaría tras las rejas.

Ya lo dijo el poeta Pablo Neruda: “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”.
Porque más que un simple preso, Lula es un símbolo de esperanza.

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