Viernes, 19 de octubre, 2018 | 10:17 pm

Los vaticinios a favor de los Warriors dieron en la diana



Desde antes de iniciar la final fueron muy pocos los que se arriesgaron a dar como favoritos a los Cavaliers frente a la maquinaria de los Warriors, que finalmente los barrieron en cuatro partidos, el último en la propia casa de sus rivales.

Era una muerte anunciada, siempre los principales auspiciadores las grandes casas de apuestas de Las Vegas.

Si había mucha gente que creía en la posibilidad de que los Cavs pudieran salir por la puerta grande, obedecía única y exclusivamente a la percepción de que LeBron James puede hacerlo todo dentro del tabloncillo.

El equipo de los Warriors lo componía un grupo, que cuando no metía uno, lo hacía el otro; mientras que por los Cavs, si LeBron no encestaba nadie más lo hacía con posibilidades de poder alcanzar una victoria.

Entonces, así las cosas, en esa serie pasó, exactamente lo que tenía que pasar, ni más ni menos.

Todo indica que los Warriors se mantendrán unidos, a pesar de las “amenazas” de Kevin Durant de la posibilidad de irse a la agencia libre, lo que parece haberse esfumado por las negociaciones avanzadas que tiene desde hace un tiempo con el equipo.

Si Golden State queda intacto, es difícil que se conforme otro que esté en capacidad de derrotarlo.

RADARES.- Tal y como se proyectaba, la pelea entre Leo Santa Cruz y Abner Mares fue una guerra sin cuartel durante los 12 asaltos, con un público que en todo el trayecto se mantuvo fuera de sus asientos, apoyando a uno y otro… En otro combate, el estadounidenese Terence Crawford le dio una paliza a Jeff Horn, quien venía precedido de fama por haber “derrotado” a Manny Pacquiao.

El árbitro Robert Byrd detuvo el pleito a los dos minutos y 10 segundos del noveno, tras dos caídas del australiano.