Sábado, 15 de diciembre, 2018 | 5:35 am

Los tribunales o las calles



Cuando en una sociedad los tribunales, en lugar de ser instrumentos de justicia, se convierten en una barrera para los ciudadanos y un instrumento al servicio de la clase gobernante, entonces se puede asegurar que la democracia ha colapsado.

Qué indignante ver jueces con temor de hacer lo correcto. A veces el miedo pesa más que la vergüenza, y la obediencia al poder se impone por encima del deber.

En estos días, ciudadanos opuestos a la depredación ambiental y al abuso de poder, interpusimos una acción de amparo contra el Ministerio de Obras Públicas, para detener la construcción de una terminal de autobuses en el estacionamiento del Parque del Este, al lado del Parque Nacional Los Tres Ojos, impuesta violando normas ambientales y municipales.

El tribunal dio un plazo de tres días a Obras Públicas, para entregar los permisos ambientales y de uso de suelo… Siete días después, en la próxima audiencia, no los habían entregado: ¿qué hicieron los jueces para hacer respetar su propia sentencia? ¡Nada! Admitieron una excusa ridícula para producir un reenvío de dos semanas (a pesar de que la ley ordena que ese plazo no sea mayor de tres días).

Eso es solo un ejemplo de lo que ocurre cada día en los tribunales de la República Dominicana. Síntoma de un sistema de justicia cada vez más podrido.

Pobre de aquel día en que los ciudadanos dejen de buscar soluciones en los tribunales, y las busquen en las calles. Malditos sean aquellos jueces, fiscales, funcionarios públicos y abogados, que se han prestado a convertir la justicia en un calvario para el pueblo y una herramienta del poder.

Sobre ellos recaerá el peso de las consecuencias, que de seguro serán muchas e irreparables.

El Estado, si no se ajusta a su propia legalidad, terminará por colapsar. El Gobierno, si sigue impidiendo que el pueblo tenga justicia en los tribunales, lo obligará a buscarla en otro sitio.

Y aclaro: esto no es una invitación al caos, más bien una sana advertencia de algo que no me gustaría que pase, pero que si las cosas siguen como van, será inevitable.

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