Martes, 16 de octubre, 2018 | 3:25 pm

Los tres Francisco



A monseñor Francisco Ozoria le ha tocado llevar un báculo muy pesado desde que lo nombraron arzobispo de Santo Domingo.

El papa Francisco inició su pontificado prescindiendo de muchos de los ornamentos tradicionales del papado, tal vez por prever que tendría que cargar muy pesado.

Quizás la providencia les hizo ser tocayos con el nombre de aquel que tuvo la encomienda de “reconstruir la Iglesia”.

Para San Francisco de Asís, el de la oración de la paz, no fue fácil llevar un estilo de vida que con solo vivirla desafiaba distorsiones que habían afectado los cimientos de la Iglesia por allá por el siglo XIII.

El papa Francisco también enfrenta dificultades al decidir admitir casos del pasado, dar el frente a las consecuencias del presente y tomar medidas para evitar la prolongación en el tiempo de los abusos contra menores por parte de clérigos.

Monseñor Francisco Ozoria, un arzobispo que no muestra pretensiones de grandeza, ha decidido ponerle el frente a una situación que ya empieza a ser llamada como una “purga”, para extraer la pus que infectaba bajo la piel de la Iglesia durante tantos años.

Los tres Francisco han tenido que librar una batalla en tres frentes.

Primero, en sí mismos, para obtener la fortaleza de la misión asumida.

Segundo, a lo interno de la Iglesia misma, donde la cultura del encubrimiento o la indiferencia caló hasta en personas buenas.

Tercero, en una sociedad que se reciente cuando personas llamadas a ser ejemplo del buen vivir y el buen hacer, han provocado tanto daño a inocentes que ellos estaban llamados a pastorear, y a la Iglesia misma, que fue fundada sobre la base del amor al prójimo y la solidaridad con el que sufre.

Los dos Francisco de ahora cosechan las incomprensiones y hasta la mala voluntad de quienes todavía entienden que la pava aun pone donde ponía, pero ante el llamado de “reconstruir la Iglesia” tienen la obligación de no desmayar y romper con el silencio cómplice que prolongó la angustia de las víctimas y acrecentó el daño a la Iglesia.

La perseverancia en su misión, el vivir conforme al mensaje cristiano y el bien hacer fueron características de ese Francisco del siglo XIII que deben inspirar estos dos Francisco de la postmodernidad del siglo XXI.

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