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Los trapos sucios del PLD

Los tiempos de lavar la ropa en casa se acabaron en el Partido de la Liberación Dominicana. En la actualidad hasta los que se lavan en casa son expuestos afuera para que se sequen.

Ya se sabe quién habla con la anuencia y el beneplácito de quien. Por ejemplo, Franklin Almeyda o Rafael Núñez no contrarían los deseos y pensamientos de Leonel Fernández.

En consecuencia lo que ellos digan o hagan se le pega al expresidente. Igual pasa con los funcionarios, palaciegos y no palaciegos, pero especialmente con José Ramón Peralta o Monchi Fadul (una especie de vocero no designado de la OTAN del Comité Político).

Almeyda ha contenido poca agua para evitar que llegue al río. Aunque habla con frecuencia de evitar división, casi siempre lo hace con una piedra en la mano.

Peralta se contiene la boca, pero sus actos dicen más que mil palabras, como la de reunir a 25 senadores peledeístas para pasarle el bálsamo danilista.

La reunión en el pasado pudo haberse visto como un encuentro de “compañeros” o una “pasadita de mano” del Palacio Nacional previo a las navidades, que a esos legisladores no les cae nada mal.

Pero en la actualidad, donde los peledeístas duermen entre ellos pegados a la pared, con un ojo abierto y un cuchillo en la mano, esas reuniones causan revuelo.

Euclides lo advirtió tanto que ya se está convirtiendo en realidad: el PLD se está pareciendo cada vez más al PRD de antaño.

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