Sábado, 22 de septiembre, 2018 | 8:25 pm

Los planes llegaron sin dinero, luego llegó el dinero sin planes



Un país verdaderamente rico es un país educado.

La educación no se limita al cúmulo de datos o información.

Educación es tener las herramientas para ser un mejor ciudadano y mejor ser humano y usarlas para el bien común.

En un país educado quien puede robar no roba, quien puede irse en rojo porque nadie lo está mirando se detiene a esperar el verde, quien camina por una acera estrecha se hecha a un lado para darle paso al que viene de frente, quien asume un compromiso lo cumple, quien dirige o es dirigido respeta las normas y las leyes.

La aspiración, es vivir en un país rico por ser educado.

La educación, por tanto, es un compromiso social.
Hemos tenido varios esfuerzos por mejorar la educación.
En los años noventa nos dimos un primer Plan Decenal de Educación, pero este llegó con extraordinarios planes y programas, pero no se puso el dinero.

En 2013 pusimos el dinero para la educación, pero los fondos llegaron sin planes.

Con el paso del tiempo se juntaron los planes y el dinero, ahora falta que cada actor cumpla con su deber.

Los planes derivados del primer Plan Nacional de Educación vinieron tras un ejercicio de integración en el que se auspició la participación del más amplio y diverso abanico social.

El dinero, el 4 % del Producto Interno Bruto vino tras una hermosa lucha social que llevó a los candidatos presidenciales de 2012 a comprometerse a hacer esa inversión y el ganador cumplió su palabra.

Ahora, para que planes y recursos cumplan su objetivo, quizás sea necesario el mismo método para que los actores del sistema educativo cumplan con sus responsabilidades y finalmente desde la escuela podamos construir un país educado, el país al que aspiramos.

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