Los bajos salarios y el movimiento sindical



La desgracia de nuestros trabajadores reside en que su dispersión y la falta de organizaciones fuertes les impiden presionar en favor de conquistas, como la del salario digno.

En estos días se vuelve a hablar de la necesidad de un aumento salarial y ya vemos a los patronos emplazados, conduciendo la discusión por el mismo sendero interminable y sin destino de siempre.

Aquí hay dinero para cualquier otra cosa, pero la experiencia enseña que para el alza salarial nunca alcanza.

Se han hecho aumentos insignificantes al salario mínimo, pero un aumento general, en proporción a la categoría de las empresas y a la carga que la inflación ha ido acumulando sobre los hombros y los estómagos de los trabajadores y empleados, nunca está en la mira de las entidades empresariales ni del Gobierno central.

En más de una ocasión el presidente Medina ha dicho que no se explica cómo puede una familia subsistir con sueldos tan bajos como los que aquí se pagan, pero lleva más de cinco años en el poder y nunca ha tomado una iniciativa dirigida a corregir esa situación que, según él, lo conmueve.

Y más grave aún. Un sueldo bajo es una condena inevitable y a futuro. Sin salario digno tampoco hay pensión digna, y sin pensión digna no puede pensarse en una vejez con dignidad.

Ahora vuelve a debatirse todo esto y lo grave es que los trabajadores y empleados están en franca desventaja.

Precisamente por carecer de organizaciones sindicales fuertes y esto no ocurre por casualidad. Errores del liderazgo sindical de otros tiempos, pero sobre todo, la represión que cancela toda posibilidad de formación de sindicatos independientes, han conducido a la debilidad actual del movimiento.

Aquí la democracia se detiene en las puertas de las fábricas.

Salvo raras y contadas excepciones. Entonces, la recuperación del movimiento sindical pasa inevitablemente por conquistar el derecho a la libre organización con fines reivindicativos, a la creación de sindicatos y federaciones para la defensa de conquistas, como la del salario justo.

Ojalá que en medio de la ruda cotidianidad del presente, aparezcan mentes lúcidas y voluntades firmes, que pongan la conquista de la libertad sindical en primer plano y se emprenda de esa forma la marcha hacia un movimiento sindical capaz de hacer sentir su fuerza en beneficio de la clase que ese movimiento debe representar.

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