Lo que pasó inmediatamente después del trabucazo de Mella

Mella





Santo Domingo.-Inmediatamente después del trabucazo la noche del 27 de febrero de 1844, los revolucionarios se adueñaron de la fortaleza, el arsenal y las oficinas de Hacienda, asumiendo totalmente el control de la plaza de Santo Domingo. Mientras la Junta provisional dejaba solemnemente constituida la República Dominicana el 29 de febrero de 1844 nombrando, al mismo tiempo, varios delegados para que visitaran los demás pueblos de la parte Este para comunicar las noticias de la separación de Haití.

Luego que los independentistas tomaron posesión del baluarte, José Llaverías abrió el portón con una bayoneta a fin de que por ella penetraran los primeros refuerzos que recibió la república, llegados del cercano pueblo de San Carlos al mando de Eduardo Abreu.

El Teniente Ángel Perdomo preparó la artillería del mismo, así como la del fuerte de La Concepción, entre los que lo ayudaron hay que agregar a María Trinidad Sánchez, quien en sus propias faldas conducía pólvora ara las murallas y repartía cartuchos en las murallas.

La incursión realizada aquella noche por el Coronel Deo Hérard, hijo del Presidente Charles Hérard, se replegó al ser recibida por una nutrida descarga disparada por los patriotas.

El día 28 de febrero al amanecer, grupos de dominicanos tenían cercada la Fortaleza Ozama y todos los puestos de guardia haitianos, mientras otros se arremolinaban en torno a las residencias de las personalidades haitianas de mayor significación, además, ya patrullas dominicanas recorrían todas las calles de la ciudad, Evidentemente amedrentado por la actitud agresiva de los dominicanos, el comandante General Henri Etienne Desgrotte suscribió dos cartas,  una dirigida al Cónsul Saint-Denys, manifestándole el grave peligro que corrían los miembros de la colonia haitiana.

La Junta Provisional respondió por escrito diciendo: “La privación de nuestros derechos, las vejaciones y la mala administración del gobierno haitiano, nos ha puesto en la firme e indestructible resolución de ser libres e independientes, a costa de nuestras vidas y nuestros intereses, sin que ninguna amenaza sea capaz de retractar nuestra voluntad”.

Inmediatamente después del trabucazo, los patriotas arrebataron a los haitianos el control de la fortaleza, el arsenal y las oficinas de Hacienda.

Inmediatamente después del trabucazo, los patriotas arrebataron a los haitianos el control de la fortaleza, el arsenal y las oficinas de Hacienda.

Mientras se escribía esta declaración, el tambor redoblaba incesantemente en el Baluarte, tocado por el soldado Nicolás de Bari en señal de libertad.

Los haitianos se consideraron sin fuerzas para combatir un alzamiento de tal magnitud, y para protegerse apelaron a los buenos oficios del Cónsul de Francia, Saint-Denys.

Las negociaciones por intermedio del Cónsul francés avanzaron en el curso del día 28 y al llegar la noche, Desgrotte y sus oficiales y soldados habían capitulado mediante un documento de diez puntos que firmaron.  Finalmente la capitulación por parte de los haitianos garantizaba la entrega pacífica del poder a los dominicanos y facilitaba la salida de los funcionarios de puestos y sus respectivas familias dentro de un plazo razonable y en condiciones honorables.

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