Domingo, 15 de julio, 2018 | 11:04 pm

Lo cortés no quita…

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Hay quienes dicen que solo hay dos formas de divorciarse: la primera es hacerlo bien y la segunda es divorciarse mal.

Está de más decir que si el divorcio es inevitable lo deseable es que esa relación se termine bien, sin trauma, especialmente cuando no es posible mantenerla, porque se trata de parejas que se han respetado, pero que deciden separarse por conveniencia o porque se acabó el amor.

El Gobierno dominicano tiene la obligación de terminar bien sus relaciones con Taiwán, con quien mantuvo relaciones diplomáticas durante 77 años de manera muy armoniosa.

Ahora decide separarse para unirse al gigante China Popular, pero parte del arte de la diplomacia es poder terminar la fiesta en paz.

Los taiwaneses no están nada contentos con la forma en que la diplomacia dominicana manejó este divorcio. Aunque en los últimos meses trataron de manera esquiva al canciller de Taiwán y a otros altos funcionarios diplomáticos, sí se firmaron acuerdos de cooperación y se aceptaron ayudas importantes para programas como el Sistema de Emergencias 9-1-1.

Pero también resalta que el embajador de Taiwán en el país fue enterado de la situación a menos de una hora de que se hiciera oficial el anuncio y que para decírselo lo citaran a un restaurante, en vez de a la Cancillería.

El personal taiwanés de la embajada apenas contará con 30 días para salir del país, con todo lo que eso implica, y ese mismo tiempo tiene para liquidar los 11 empleados dominicanos de la representación diplomática.

Aunque se veía venir desde hace mucho, la ejecución del divorcio luce fue precipitada, pero aun hay tiempo para no dejar heridas.