Lunes, 17 de septiembre, 2018 | 4:29 pm

Llegar a ser lo que se es



En la lectura del texto bretoniano “Nadja”, que Manuel García Cartagena despliega en su ensayo “Para leer Nadja, de André Breton” (2018), se resalta una concepción oculta del ser, al categorizar al personaje como el alma errante. No hay una biografía del personaje real, que mitifica o fantasmatiza el relato, y que responde al nombre biográfico de Léona Camille Ghislaine Delcourt. En base a fuentes autorizadas y en la última parte del relato, el ensayista García Cartagena evidencia que ese referente concreto tiene un par que se sitúa en la respuesta a la pregunta ¿Quién es usted? Esa respuesta es “Soy el alma errante”, simbolizada por Breton discursivamente en un Tú recurrente, cuya persona histórica responde al nombre de Suzane Muzard, esposa de Emmanuel Berl, a quien conoce a finales de 1927, cuando termina la redacción original del relato.

Lo importante en Breton y su fidelidad al “Manifiesto del Surrealismo” es ver cómo esas personas posesas de una realidad son, en la dimensión simbólica y a fuerza del poder de la imaginación, transformadas en entidades ficticias, en ‘homo imagens’ u ‘homo surrealis’, siendo en esta última condición donde cobran un sentido que les hace funcionar en el texto y trascender psicológica, ideológica, corporal, histórica y culturalmente.

Bajo la condición de ‘homo realis’ el individuo vive prisionero de la costumbre y bajo las garras de Lo Mismo, sustenta García Cartagena. Esa sujeción a Lo Mismo es lo que Byung-Chul Han (2017) llama la proliferación de lo igual como alteración patológica que afecta al cuerpo social y como tendencia positiva a eliminar lo distinto, lo disruptivo, lo creativo. Han dice que la proliferación de lo igual se hace pasar por crecimiento. Pero a partir de un determinado momento, la producción ya no es productiva, sino destructiva; la información ya no es informativa, sino deformadora; la comunicación ya no es comunicativa, sino meramente acumulativa. Aunque rescata de Heidegger una noción de lo mismo distinta, en base a su negatividad y unión con lo diferente, de lo igual -que es, por el contrario, amorfo-, lo cierto es que en Lo Mismo bretoniano encontramos la parálisis y el adocenamiento propios del saber convertido en información y del pensar reducido a mero cálculo, cuando calcular no es pensar. Vemos cómo la costumbre se convierte en positividad adiposa que intentará siempre expulsar lo distinto como negatividad y como fuerza creativa.

Desde la problemática de la identidad como un eje paradigmático de la lectura de “Nadja” de García Cartagena, convendría recordar que el relato empieza con una interrogación que la filosofía identitaria ha considerado muy pertinente a lo largo del tiempo: ¿Quién soy yo? Y de una vez afirma: “Si por excepción me atuviera a un dicho, ¿por qué, en efecto, no se reduciría todo a saber con quién ‘ando’?”. El hecho de andar junto a alguien descarría al narrador y lo inclina a establecer entre ciertos seres y él relaciones más singulares, menos evitables y más inquietantes de lo que creía. Esa palabra (descarría), que dice mucho más de lo que quiere decir, también hace al narrador representar durante su vida el papel de un fantasma y, consecuentemente, “alude a lo que ha sido necesario que yo dejara de ser para llegar a convertirme en quien soy”, sostiene Breton.

Esta conclusión silogística de que hay que dejar de ser quien, en realidad, uno es, para convertirse en quien ha de ser, se conecta directamente con el principio existencial de Píndaro, muy del gusto de Nietzsche, que reza: “Llega a ser lo que eres”. Es decir, construye desde ti tu mejor tú.

José Mármol

Publicidad