Sábado, 18 de agosto, 2018 | 3:25 am

Le doné sangre, aun así no nos ponemos de acuerdo



Una vez recibí en el proceso de admisión de caso, a un señor que tenía varios años separados de su pareja con la cual tiene una niña de 8 años y narraba su experiencia de éxito en lo personal y sus lamentaciones con la suegra. Con su expareja no tenía conflictos, todo andaba bien entre ellos, a pesar de encontrarse en el extranjero y separados.

Explicaba que la abuela de su niña, aun estando separados él y su hija, continuaba con sus intrigas, diferencias e injuria a su persona.

Decía que a pesar de tener diferencias con la suegra, él en una ocasión tuvo que donarle dos pintas de sangre para una cirugía que la misma se realizó en una clínica.

Me explicó que su suegra estaba enferma y pendiente a realizarse una cirugía, requería con urgencia sangre O+ y la misma no aparecía ni en los centros espiritistas. Dijo que a pesar de todas las diferencias y conflictos entre ellos, este le facilitó su sangre para que la señora saliera con éxito y en salud.

No se explica según el señor, los continuos enfrentamientos de la madre de su expareja. Ya salió de la vida de su hija no así de la nieta, ya que es su padre, y  a que quiere con locura y siempre está atento a sus necesidades de alimentación, salud, educación, techo, acompañamiento y sobre todo calor de padre.

En su historia, concluía o preguntaba qué estrategias podría utilizar para impactar en los familiares de su hija de manera positiva. Bueno, le comente; podría asistirse de una persona terapéutica para que le acompañe en esas situaciones de conductas que solo puede conocerla un profesional de la Psicología y áreas afines. En ningún método alternativo de resolución de conflictos con sus raras excepciones, podría abordarse esa situación, que no sea con una especialista en el área.

Como profesional de los Métodos Alternos de Resolución de Conflictos y Mediación, nos llegan personas con muchas situaciones y necesidades; que gracias a la confidencialidad y voluntariedad, las personas abren sus puertas de lo que piensan y sienten a las personas mediadoras.

Volviendo con el que donó su sangre y aun así no se pusieron de acuerdo, indicaba que deseaba cambiar ese panorama de su vida y la de su hija. Deseaba realizar cambios, porque entendía que su hija de 8 añitos no podría crecer sana con esas heridas entre sus familiares.

Requería el acompañamiento lo más pronto posible, pero además, de alguien que le trabajara a él; ya que entendía que tal vez el problema era solo él y no ella, la suegra.

En el diálogo de la mediación y en la admisión del conflicto en el Centro de Mediación, las personas abren un abanico de dificultades. En ocasiones mediables y entendibles. En otras no admisibles, pero atendibles en otras áreas de la ciencia.

La mediación familiar, entonces requiere que las personas mediadoras sean capaces de saber detectar a tiempo comportamientos no mediables y a la vez, saber que otra persona profesional puede admitir sus situaciones.

Lo básico en esta historia, es que el señor encontró en una institución lo que tal vez no habría encontrado en sus familiares más cercanos. Ser escuchado. Escuchar es un talento virtuoso y nos hace crecer como seres humanos. Pero a la vez, permite escuchar las diversas características de los conflictos.

Alexis Rafael Peña.

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