Martes, 19 de junio, 2018 | 2:35 pm

Las pagas de la xenofobia



El tema migratorio es uno de los tantos asuntos pendientes que nuestra sociedad debe discutir con calma y cordura. Es delicado, no hay por qué negarlo. Sin embargo, las pasiones que levanta no deberían impedir que, aun desde enfoques disímiles, quienes propugnan por una solución justa y beneficiosa para el país logren avenirse.

Desde luego, los hay dedicados a que el problema continúe irresuelto. Son sectores políticos y sociales que deben su vigencia al ‘impasse’ en el debate migratorio. Y como eso es lo que les conviene, hacen todo lo posible para que este estado de cosas se eternice.

Para muestra un botón: desde hace un par de meses hemos visto resurgir la campaña preelectoral xenófoba a la que nos tiene acostumbrados el mismo grupo de siempre.

En lugar de promover valores patrios y de ciudadanía, pretenden sembrar el odio contra los inmigrantes, especialmente contra los haitianos. Para eso se valen de mil artimañas: desde la difusión de vídeos, fotos y “noticias” falsas, hasta el insulto y la descalificación.

También han explotado la crónica roja, magnificando delitos cometidos por haitianos y responsabilizando de ello a todos los inmigrantes de Haití. La consigna busca arraigar la idea de que “todos los haitianos son criminales”.

Y han conseguido cosechar frutos. Hace unas semanas, en Santiago, un grupo de vecinos, indignados por un accidente de tránsito en el que murió un joven dominicano, incendiaron casas de haitianos. Todo porque la persona con quien chocó el fallecido es de esa nacionalidad.

Lamentablemente, esta labor de zapa puede volverse con facilidad contra los dominicanos en el exterior. Este fin de semana, la sociedad española supo que la desaparición de un niño de ocho años, que la conmocionó durante doce días, era en realidad un asesinato. Y que la presunta asesina, pareja del padre del niño, es una dominicana.

Según la lógica de los xenófobos del patio, los españoles tendrían razón en levantar el dedo acusador contra todos los dominicanos residentes en España.

Han quedado atrapados por su propio discurso, pero quienes estarán entre las patas de los caballos serán nuestros emigrantes.

Es claro que se equivocan los que aquí embarran a todos los inmigrantes haitianos por los hechos de unos pocos. De la misma forma en que se equivocan los españoles que piensen lo mismo de los dominicanos.

Los ciudadanos responsables, aquí y en todas partes, debemos evitar los discursos que satanizan a los extranjeros.

La xenofobia es como el fuego, un sirviente caprichoso y un amo implacable; no la tentemos.

Nassef Perdomo Cordero

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