Las mujeres que hacen demasiado



Hace unos días, tras finalizar una clase de automanejo de Diabetes, mientras mi compañera y yo cargábamos los diversos materiales de regreso, le comenté “Dios debió ponerles varios brazos y manos a las mujeres, porque dos no son suficientes para todo lo que hacemos al mismo tiempo”.

Tras varios comentarios sobre las tantas cosas que hacemos, llegué a la conclusión de que Dios fue justo al darnos dos manos para que hiciéramos las cosas despacio y una a la vez. También podemos repartir responsabilidades, y que cada miembro asuma su papel.

El trabajo de heroína, súper mamá y súper mujer al que las sociedades nos han condenado y el que nosotras hemos asumido está clasificado como el síndrome de Wendy por el psicólogo Jaime Lira.

Esta conducta se origina en el “pasado familiar de quien lo padece, en donde esta persona se sintió excluida y desprotegida, por lo que en la edad adulta compensa la falta de dirección y protección asumiendo el rol de los padres que no tuvo”.

Las principales características del síndrome son: el individuo se siente imprescindible, entiende el amor como sacrificio, puede resignarse al sufrimiento o bien manifestarlo llorando, evita a toda costa que los demás se molesten, intenta continuamente hacer feliz a los demás, insiste en hacer las tareas y asumir las responsabilidades de la otra persona, pide perdón por todo aquello que no ha hecho o que no ha sabido hacer, siente necesidad de cuidar al prójimo, termina por asumir el papel de padre o madre de su pareja, se deprime por falta de atención y depende de la aceptación social.

El primer paso es aceptar que estamos haciendo demasiado y necesitamos ayuda.

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