Las lacrimógenas de la Procuraduría






A lgún agente policial se le ocurrió lanzar bombas lacrimógenas en un escenario que podía ser controlado sin necesidad de usar esos métodos odiosos y potencialmente peligrosos.

Eso no quita que uno de los diputados que se apersonaron a la sede de la Procuraduría General de la República no actuó de la manera sosegada que se espera de un legislador.

Pero frente a esa actuación, ha de esperarse la actuación profesional de unos agentes que se supone están entrenados para ese tipo de situaciones.

Visto lo ocurrido con detenimiento no había necesidad de que ese incidente se produjera.

Tampoco tiene justificación que fueran arrestados varios jóvenes que intentaron poner un campamento frente a la sede de la Procuraduría General de la República.

Esos jóvenes no representaban un peligro para la seguridad de otros. Nuestras autoridades tienen que acostumbrarse a convivir con las protestas, cuando éstas sean pacíficas y no violenten leyes nacionales.

La actuación de quien lanzó u ordenó lanzar la bomba lacrimógena a un grupo de diputados fue torpe y creó una situación potencialmente peligrosa.

La decisión del procurador de ordenar la puesta en libertad de los jóvenes arrestados fue correcta.

Esperamos que estos conatos no sean preludio del fin del movimiento de manifestaciones pacíficas que ha visto el país, para darle paso a tensiones de otros tipos.

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