Las inconductas magisteriales

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Las promesas y favores concedidos por Rodrigo Borgia para lograr convertirse en el papa Alejandro VI fueron atacados de manera tenaz por el cardenal Giuliano della Rovere.

El derrotado cardenal en el extraño cónclave calificó las maniobras de Borgia como “simonías”, que era lo mismo que alcanzar una dignidad eclesial a través de dádivas o promesas mundanas.

Esa práctica estaba prohibida desde principio de la edad media para impedir que por medios humanos se distorsionara la voluntad de Dios en lo relativo a la dirección de la Iglesia.

Della Rovere se convirtió en el papa Julio II con las mismas artes que su odiado Rodrigo Borgia, lo único que sus pagos y favores los definía como “alianzas necesarias”, jamás “simonías”.

Como se puede ver, la filosofía del “asigún” no tiene manufactura dominicana, aunque aquí sea “el pan nuestro”.
Pasa igual con el cobro de salarios en el sector público sin que se brinde un servicio, especímenes conocidos como “botellas”.

Se proclama y exige que se eliminen, pero cuando las botellas son del agrado de sectores “progresistas” se transformar en “simples padres de familia” por quienes hasta se está dispuesto a matar o a mandar a matar, como hiciera el flamante presidente de la Asociación Dominicana de Profesores de Barahona.

Los maestros son como los sacerdotes, que están obligados a ser radicales en el buen actuar, porque están llamados a ser modelos y las inconductas escandalizan más cuando las cometen ellos que cuando son otros.

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