Las fiestas con moñas

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¿En verdad alguien pensó que no habrían brasileñas como parte del paquete de compensación de la empresa Odebrecht a quienes les facilitaban la consecución de contratos para la construcción de obras públicas?

Más aún. ¿Cree alguno de ustedes que esas invitaciones en aviones privados no iban dotadas de “tripulación” capaz de parar la respiración del sambódromo de Río de Janeiro?

Dicen quienes los conocieron, que los brasileños de aquí eran espléndidos, no solo con sus aportes, sino con sus cortejos. Los resultados están a la vista.

El elemento inquietante a raíz de la entrevista que diera Rodrigo Tacla al periódico El País es el relativo a las fotos, las cuales revela ahora que eran guardadas y que su representante en Panamá las guardaba para darles uso.

Algunos exfuncionarios que no quedaron seducidos por las tentaciones económicas de Odebrecht suelen contar con orgullo que los invitaban a esas fiestas como forma de ablandarlos, pero que no asistían, en un reconocimiento de que la carnal era una tentación más fuerte que la monetaria.

Pero ahora hay otro tipo de reclamo: aquellos quienes al enterarse de la presencia de “brasileñas” se quejan de no haber sido invitados a esas celebraciones, aunque les tomaran fotos.

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