Las dos República Dominicana



La República Dominicana vive dos realidades muy distintas. Una: la de los funcionarios, llena de excesos y privilegios. La otra: la del pueblo llano, sumido en la miseria, la delincuencia, la falta de servicios tan básicos como la salud, la educación, el acceso al trabajo, etc.

Congresistas, jueces y funcionarios, que en 3 o 4 años les tocan pensiones de cientos de miles de pesos; mientras que trabajadores luego de 40 años de dura labor sobreviven con pensiones miserables (los que logran tenerla).

Vemos como a los extitulares de la Junta Central Electoral les fueron asignadas pensiones exorbitantes, que distan mucho de la realidad del país en que vivimos.

Eso pasa en la misma semana en que fueron brutalmente reprimidos los trabajadores cañeros por reclamar pensiones de 5 y 6 mil pesos, que aún no tienen luego de décadas de cortar caña en los ingenios del Estado.

¿Como es posible que un pueblo pobre mantenga como reyes a sus funcionarios? ¿Porqué mientras un trabajador requiere décadas para lograr una pensión miserable, funcionarios se adjudican lujosas pensiones por algunos años de “servicio”?

De un lado funcionarios públicos con salarios lujosos, mientras del otro cerca del 70 % de los trabajadores y trabajadoras ganan menos de 15 mil pesos mensuales, y apenas un 10 % alcanza la canasta básica.

Para muestra un botón: tenemos un gobernador del Banco Central que gana por mes más de lo que gana un policía en 25 años.

Hay que equilibrar esas dos realidades. Se requiere un gobierno donde los funcionarios vivan más cerca de la realidad que vive el pueblo. Que si sube el arroz o la gasolina ellos lo sientan.

Funcionarios que se preocupen por los hospitales públicos, pues ahí es que va su familia; que les preocupen las escuelas públicas, pues ahí es donde estudian sus hijos.

Mientras la delincuencia arropa la nación, hay funcionarios que tienen a sus servicios más policías que algunos de los municipios del país.

Mientras el pueblo paga una gasolina cara, los gobernantes la echan a costillas del pueblo.

Es momento de tener un gobierno de servidores públicos que vayan a servir y no a servirse. Es tiempo de que los gobernantes entiendan que el pueblo es el soberano.

Que los impuestos no son para comprar villas, ni para pagar costosas amantes.

Un mejor país está delante de nosotros, y vamos marchando hacia él. Sigamos unidos, y avancemos con determinación.

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