La urgente búsqueda del consenso



Se acepten o no ciertas tradiciones en nuestra vida cotidiana, la verdad es que resulta difícil, casi imposible, sustraerse a ellas. Me refiero al ámbito navideño y su diverso contexto de celebraciones.

Es posible que debido a la situación socioeconómica, para muchos estos no sean días muy gratos.

Lluvias persistentes, crecidas de ríos y las consiguientes inundaciones provocaron un agravamiento de problemas conocidos.

Es preciso anotar el esfuerzo y la dedicación de personas independientes, de funcionarios, del sector privado y las iglesias.

Un problema aún irresuelto: persiste un elevado porcentaje de damnificados, olvidados y desamparados. Los daños son cuantiosos.

La generalizada violencia, los accidentes y la inseguridad puede que se acentúen en las fechas. Vivimos en una etapa complicada que, es de esperarse, nos forzará como ciudadanos a asumir posturas tan enérgicas como solidarias. Es lo que dicta el sentido común.

Resulta imprescindible un cambio en la actitud de entidades que, da la impresión, prefieren mantenerse al margen. Juntas de vecinos, clubes deportivos y culturales, entidades bancarias, organizaciones de profesionales, de trabajadores y empresariales, las iglesias, profesorado, directivos y alumnos de colegios y escuelas, compañías de seguridad, deben asumir un papel determinante y abarcador en la vida comunitaria. Es fundamental unificar esfuerzos.

Existe un amplio consenso en el sentido de que la cúpula social actúa al margen de los intereses de la mayoría. Dirigentes y partidos políticos, autoridades, funcionarios, empresarios, ministros y personalidades públicas se nos figuran en ocasiones sordos y ciegos.

No se trata de organizar seminarios o mesas de diálogos, ni de incrementar el número de declaraciones públicas, y presentaciones radiales, televisivas y de prensa. Se requiere de una presencia real y activa. Organizarse para decidir soluciones desde las bases hacia la cúspide. Coordinar esfuerzos para darle un verdadero sentido a eso que llamamos democracia.

Sería deseable que el presidente y sectores inéditos se involucren en asuntos que resultan traumáticos para los ciudadanos. Mencionaría, por ejemplo, los casos de Carla Massiel y el de la venta de terrenos del Estado ocupados por miles de ciudadanos a una firma privada.

Está el flagelo de la corrupción, la impunidad, el cada día más grave problema de la migración haitiana, el de la indiferencia ante las demandas de pueblos y provincias que requieren de atención urgente.

La evidente fragilidad de puentes y carreteras, obliga a su replanteamiento.

Urge una investigación seria de cómo la deforestación y la destrucción del lecho de los ríos, que hay que evitar a como dé lugar, ha agravado la situación. Hay que encaminar esfuerzos para rescatar a las víctimas de las recientes inundaciones y a muchos sectores que se encuentran en un estado de abandono.

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