Viernes, 19 de octubre, 2018 | 10:21 pm

La última lección de su vida



Él era ya el maestro. Tenía decenas de libros y artículos científicos publicados y honores académicos acumulados. Había creado la metáfora lúcida de la sociedad, la vida, los individuos y el mundo líquidos.

Había cultivado un pensamiento caracterizado por una singular agudeza crítica y un inconfundible estilo expositivo, que lo acercó siempre a lo más granado de la intelectualidad occidental contemporánea.

Se llamó Zygmunt Bauman (Polonia 1925-Inglaterra 2017. Fue perseguido, estigmatizado, apestado y excluido, tanto por los fascistas como por los comunistas, sin que ninguno de los totalitarismos y sus dirigentes miopes o esbirros lograra diezmarlo.

Cuando, habiendo sobrepasado los 90 años de edad, mermando sus fuerzas y aquejado por enfermedades, quiso escoger un interlocutor para dialogar, en esa forma socrática, aunque remota y digital, no cara a cara, en que solo él pudo hacerlo, optó por uno al que le llevaba 60 años de edad.

Se trató del periodista y autor, investigador de la psicología, economía y sociología en la posmodernidad, que responde al nombre de Thomas Leoncini, nacido en La Spezia, Italia, en 1985.

Acaba de publicarse en español su libro conjunto “Generación líquida. Transformaciones en la era 3.0” (Paidós, 2018), que se había publicado originalmente en italiano bajo el título de “Nati liquidi.Transformazioni nel terso millennio” (Sperling & Kupfer, 2017), que es el producto de la correspondencia entre ambos y, como señala la viuda del pensador que dio origen a la teoría de la modernidad líquida, Aleksandra Kania Bauman, del compromiso en completar el volumen luego de que su esposo emprendiese viaje hacia la “eternidad líquida”.

El libro, añade su compañera de toda la vida, “es el mejor viático posible para el largo viaje”.

En 1992 Bauman había publicado su profunda reflexión filosófica y cultural en torno al ineludible acto de la muerte y su concepción en la sociedad occidental en un libro titulado “Mortalidad, inmortalidad y otras estrategias de vida” (Sequitur, 2014).

El libro póstumo publicado por Leoncini abarca los temas que un joven, en representación de su propia generación líquida o de los nativos líquidos, quiso dialogar con el maestro, a quien confiesa debérselo todo, entre los que destacan los tatuajes, la cirugía plástica y la cultura hípster como transformaciones líquidas de la corporeidad; además, el acoso escolar, pérdida de vínculos humanos, feminismo, amor virtual, internet, seguridad y democracia, moda, relativismo cultural, comunidades virtuales y reales, comercio electrónico, entre otros.

Leoncini aduce que Bauman le confió “la última lección de su vida”, porque quiso hacerle preguntarse acerca de lo que podrían hacer los nativos líquidos, para transformar el mundo, con todo el arsenal de recursos tecnológicos, competencias y destrezas, en una sociedad dominada por los medios.

La respuesta viene dada en la impotencia que siente esa generación ante los mismos instrumentos que posee, producto de una “agnosis generacional” que golpea a los jóvenes como un puño.

Sin embargo, antes que, de manera dicotómica, lo interesante sería ver la relación entre las generaciones como un asunto de continuidad y discontinuidad, con capacidad para articular el presente y generar el futuro.

“La grandeza de este hombre solo estaba a la altura de su humildad”, dice.

Porque, asumió como misión enseñar a las generaciones subsiguientes a la propia, a conocer y a interpretar el mundo, dotándolas de un método de análisis social, filosófico, político, cultural y científico, con visión humanística y con la aspiración de anteponer la solidaridad y el diálogo a los males globales de hoy.

El joven agradece al maestro haberle hecho un regalo impagable, único: “la enésima enseñanza de una vida extraordinaria”. Honrar honra, confesó José Martí.

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