La sociedad del insulto



El insulto se ha convertido en el insumo preferido para el debate de cualquier tipo de tema, sociopolítico o económico, relegando la verdad, la lógica y la racionalidad a planos secundarios.

Se empezó con los malos de consenso, y como eran figuras que no caían bien a gran parte de la población, los insultos generaban aplausos, y cuando se producían a través de medios de comunicación de masa traían “rating”.

Luego se pasó a personas que simplemente pensaban diferente a nosotros y como no pertenecían a otro bando había sonrisas al verlos en apuros.

El insulto fue ganando fuerza en la sociedad dominicana. Los medios electrónicos llegaron a constituirse en los amos de la ofensa. El virus se expandió y contagió a usuarios de las redes sociales, inundadas por ciudadanos bipolares que en persona tienen una conducta distinta a la que muestran por esas vías impersonales.

La política del insulto empezó a preocuparnos cuando llegó a personas de nuestros afectos o a nosotros mismos, pero ya el contagio era generalizado.

Insultar parecía “ponerse a la moda” o darles “rating” a quienes lo proferían.

Se convirtió en una especie de droga que daña y provoca una adicción difícil de abandonar.

Se llegó a la fase de insultar a nuestros íconos nacionales, a figuras que han dado su vida al servicio del país, todo el mundo recibe insultos.

Ahora les tocan los insultos a los muertos cubiertos de gloria, aunque estos hayan sido declarado “Padres de la Patria”.

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