La semana dominicana en Cuba



La cultura dominicana se sintió intensamente en Cuba, gracias al programa de actividades organizado por la embajada de nuestro país en esa isla hermana, con motivo del aniversario de la proclamación de nuestra independencia.

Por invitación de la embajada y con el respaldo del Centro León, tuve el placer de formar parte del grupo de artistas e intelectuales que como Freddy Ginebra y Patricia Ascuasisti, Franklin Soto y Víctor Víctor, Carlos Julio Ascuasiasti, la buena amiga Aída y otros que, como Roberto Santana, Altagracia Salazar, Fidel Santana y José Ernesto Oviedo, viajaron a La Habana en la misma ocasión.

Fue una verdadera semana de la dominicanidad, que se inició el lunes 20 con la puesta en circulación conjunta de sendas obras del embajador Joaquín Gerónimo y del coronel de la Fuerza Aérea de nuestro país Tony Morales Herrero, y culminaron el 27 de febrero.

Me correspondió dictar una conferencia sobre el merengue y disfrutar de presentaciones de tanta calidad como la actuación conjunta de Freddy y Vitico titulada “Tú cantas y yo cuento”; la proyección cinematográfica de “La Gunguna”, en la cual Patricia tiene una importante actuación; la conferencia concierto del mismo Victor Víctor sobre la bachata, entre otras.

En Cuba la gente se interesa por la cultura y a cada acto asistió una cantidad considerable de intelectuales, artistas y personas del pueblo sencillo y llano. Siempre es grato encontrarse con los cubanos y mucho más si se trata de viejos amigos y compañeros de lucha como los que tuve oportunidad de volver a ver.

Cabe resaltar la esplendidez del embajador, que en todo momento nos colmó de atenciones. El papel de la ministra Consejera de Cultura, Socorro Castellanos, quien con su voluntad incansable estuvo al frente de un amplio programa que incluyó desde la literatura hasta la música y el cine.

Atenta y cariñosa como siempre, hizo más placentera la estadía de sus compatriotas.

Agradecer igualmente a todo el personal de la embajada, a don Pedro Ureña, la señora Lizardo, a Alberto Caamaño, quien por recomendación del compañero Miguel Mejía nos dispensó a doña Dulce y a mí la más cálida solidaridad. Del mismo modo, gracias a Luis Felipe, del Centro León, y a su esposa Elvia.

Al fin, uno regresa convencido de que después de esa jornada, Cuba y nuestro país se conocen mejor, están más cerca y se quieren más.

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