La República al desnudo



Debido a la clase de noticias que recibimos todos los días, nuestra confianza en el presente y el futuro del país disminuye y nuestra credibilidad se rompe en mil pedazos. No obstante, aún queda luz en el horizonte. Aún hay esperanza.

La afirmación de que equipos valorados en dos mil millones de pesos, adquiridos durante la gestión anterior de la Junta Central Electoral no podrán ser reutilizados, es desoladora.

Intuimos, con amargura, que en unos cuantos días el tema será relegado al olvido. Correrá el mismo destino de las pesquisas sobre Odebrecht, y otros tantos casos, material de primera página solo por una docena de días.

Las siguientes noticias se corresponden con lo ocurrido el jueves de la semana recién transcurrida: un joven de veintitantos años asesina a su madre a machetazos. Tres personas se suicidan (entre ellas, dos muchachas, una de catorce años y otra de veintisiete). De manera violenta mueren varias personas.

Se informa la “desaparición” de varios adultos y de adolescentes. Medicamentos valorados en varios millones de pesos son robados del hospital Cabral y Báez. La policía apresa a dos de sus alistados a los que acusa de haber participado en la muerte de otro policía y de su hijo, al que cargaba en brazos.

La institución mata a un sujeto cuyas armas, tras ser analizadas, se comprobó fueron utilizadas en ¡diecisiete homicidios! Así como decenas de atracos y agresiones. Se disparan los precios de los combustibles. Un plátano se vende entre trece y diecisiete pesos.

Desde Estados Unidos nos llegan otros cien dominicanos que cumplieron condena tras ser sentenciados por asesinato, tráfico de drogas, violaciones, asaltos. Este año el número sobrepasa los mil. A esta cantidad hay que sumar decenas de miles correspondientes a años anteriores.

Las calles son cada vez más inseguras. Hay numerosas huelgas y demandas y amenazas de protestas. En diversas comunidades los vecinos hastiados de tantas promesas incumplidas colocan obstáculos en las vías en demanda de un camino vecinal, de un acueducto, de algunas horas de energía eléctrica.

Las autoridades admiten que la economía “se desacelera”. El nuevo presupuesto aprobado por el Congreso incluye una elevada partida de endeudamiento externo.

Los asaltos a viviendas habitadas y la violación sexual y violencia extrema contra sus habitantes se incrementan. Ahora con un factor en común: los delincuentes se comunican “en creole”. Los accidentes siguen arrojando decenas de muertos.

Una nota de esperanza es que tanto las iglesias evangélica como la católica están tratando de incidir de forma creciente y orientadora en este estado de cosas.

Algunas “juntas de vecinos” están realizando un esfuerzo por actuar de manera coordinada. En diversos sectores sociales late una inquietud creciente: la de que nadie se encuentra seguro y al margen de lo que pueda sobrevenir en el orden económico, social o político.

Existe una significativa efervescencia entre los defensores de la nacionalidad. Se incrementan sus reuniones, su activismo, sus declaraciones, su presencia.

Gente que antes callaba, ahora habla y protesta. De Estados Unidos y Europa y de comunidades del interior se reciben textos enalteciendo a Duarte.

Esperemos. La luz del crepúsculo aún ilumina, aunque de manera pálida, nuestros cielos. Tengamos fe en que la oscuridad no termine por cubrir de manera absoluta los destinos nacionales.

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