La pesadilla norteamericana



El diario español “El País” del pasado día trece cita al “The New York Times” y da cuenta de que en Estados Unidos las drogas mataron en 2016 a cincuenta y nueve mil setecientas personas.

Una cantidad mayor que los que murieron en los diecinueve años que duró la guerra de Vietnam.

Si a esos se les suman los cuarenta y siete mil del dos mil catorce y los cincuenta y dos mil del dos mil quince, la suma se acerca a los ciento sesenta mil, y dice “El País” que la información oficial disponible sugiere que el problema seguirá agravándose.

Dice también que la sobredosis de droga se ha convertido en la principal causa de muerte más común entre los norteamericanos menores de cincuenta años.

La mayor parte de esas víctimas son causadas por el uso creciente de la heroína debido a la venta libre de esa y otras drogas.

Hay estados que han demandado judicialmente a industrias farmacéuticas que alientan el consumo de medicamentos adictivos, influyendo en muchos médicos que los recetaron sin ningún comedimiento. Florida se ha convertido en la capital de las clínicas que expenden esos estupefacientes.

El año pasado cuatro mil personas murieron en ese estado a causa de sobredosis de drogas usadas con fines supuestamente médicos.

La situación ha llegado a tal punto que el gobernador declaró el estado de emergencia sanitaria en ese importante estado.

No tengo el dato de qué porcentaje de la enorme masa de capital que mueve el narcotráfico en el mundo, está depositado en bancos norteamericanos, pero debe ser muy grande.

Ni de cuántos adictos a los diferentes tipos de drogas lleva la sociedad norteamericana en su seno.

Pero aquí está el botón de muestra de la degeneración que esa sociedad lleva en sus propias entrañas.

Capitalismo en descomposición, calificó Lenin con su excepcional sabiduría, a ese sistema en su fase imperialista.

Aún así, se habla del sueño americano, Estados Unidos se atribuye a sí mismo la condición de modelo para la humanidad entera, de policía del mundo y de sensor moral de los demás, hasta creerse que son ellos, aquejados por tragedias morales y humanas tan grandes, los que tienen la potestad de extender certificados o descalificar a los demás países en el campo de la moral, los derechos humanos y la lucha contra el narcotráfico.

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